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Censura impuesta a LiveLeak: la dictadura de la tolerancia falsa

March 29th, 2008 | 11 Comments | Posted in Sociedad, Terrorismo

Ayer coloqué en mis reflexiones sobre Fitna una incrustación de la pelicula en su versión inglesa, colgada en el sitio LiveLeak.com. Hace unas horas, y al parecer debido a gravísimas amenazas recibidas por LiveLeak, lo retiraron.

El texto ofrecido en el lugar del vídeo dice así:

Following threats to our staff of a very serious nature, and some ill informed reports from certain corners of the British media that could directly affect the safety of some staff members, LiveLeak has been left with no other choice but to remove Fitna from our servers. This is a sad day for freedom of speech on the net but we have to place the safety and well being of our staff above all else. We would like to thank the thousands of people from all backgrounds and religions, who gave us their support. They realised LiveLeak.com is a vehicle for many opinions and not just for the support of one. Perhaps there is still hope that this situation may produce a discussion that could benefit and educate all of us as to how we can accept one anothers culture. We stood for what we believe in, the ability to be heard, but in the end the price was too high. LiveLeak.com

Mi traducción rápida al español:

Siguiendo unas amenazas de caracter gravísimo, dirigidas a nuestro personal, y algunas noticias mal informadas de ciertos sectores de los medios británicos que podrían directamente afectar la seguridad de algunos miembros del personal, LiveLeak se vió sin más opciones que retirar Fitna de nuestros servidores. Éste es un día triste para la libertad de expresión en la red, pero debemos situar la seguridad y el bienestar de nuestro personal por encima de cualquier otra cosa. Quisieramos agradecer las miles de personas de cualquier orígen y religión, que nos dieron su apoyo. Ellos se dieron cuenta que LiveLeak.com es un vehículo para muchas opiniones, y no sólo para apoyar a una. Quizá aún haya esperanzas para que esta situación produzca un debate que beneficiara y educase a todos nosotros sobre cómo aceptarnos mutuamente la cultura de cada uno. Nosotros nos mantuvimos firmes por nuestras convicciones, la capacidad de ser oído, pero al final el precio fué demasiado elevado. LiveLeak.com

Esa declaración de LiveLeak aparece tanto en el lugar de la versión holandesa como la versión inglesa de Fitna.

Hace poco más de un mes polemicé con Cuervo en la bitácora de mi amigo Eamonn sobre la definición de “censura” en el contexto de una bitácora cuyo propietario / gestor decide, por su criterio, denegar la participación de determinadas personas por considerar indeseada su opinión u orientación. En tal caso, por lo general, me niego a tildar tal decisión de censura.

Sin embargo, y en este caso, sí que me parece apropiado rubricar de censura la lamentablemente exitosa operación de presión.

Y no sólo se trata de LiveLeak. He aquí una fotografía tomada en la ciudad de Utrecht, de una de las pintadas aparecidas esta noche con amenazas de muerte dirigidas a Geert Wilders - el texto de la pintada en la foto dice: “La muerte para Wilders”

Amenaza de muerte a Geert Wilders en Utrecht

(Foto: Marc van Rossum du Chattel)

Las pintadas ya han sido retiradas, por la rápida intervención de las autoridades municipales.

Y es que estamos ante una disyuntiva que merece una reflexión que vaya más allá de susceptibilidades y aspectos superficiales: ¿se puede tolerar en nuestra sociedad occidental, caracterizada por una gran tolerancia incluso protegida jurídicamente a formas de pensar distintas, que mediante amenazas graves, lanzadas desde una mentalidad y cultura extranjera y hostil, se acalle a opiniones adversas a tal mentalidad adversa y hostil, simplemente por considerar tal opinión ofensivas?

Mi respuesta es decididamente NO.

Por poco meritoria que me parezca la película de Geert Wilders, le aplico decididamente el axioma de Voltaire, ese pensador angular para nuestra sociedad occidental:

Desapruebo lo que dices, pero defendería hasta la muerte tu derecho de decirlo.

Me parece que, en lugar de batir la retirada de nuevo como en ocurrió vergonzosamente en el caso de las caricaturas de Mahomá, deberíamos reflexionar un poco sobre la esencia de nuestras convicciones, aplicadas a nuestra sociedad.

¿La tolerancia puede abusarse como escudo para la opresión? Mi respuesta es NO.

¿Debe cederse ante el chantaje de unos pocos salvajes? Una vez más, mi respuesta es NO.

¿Debe permitirse que actitudes y acciones descerebradas nos rapten la razón y el juicio sosegado? NO.

¿Debe una sociedad libre, democrática y tolerante permitir que se amedrante a algunos por unos pocos criminales violentos que sí se acogen a los beneficios, pero no respetan las obligaciones que disfrutan por el gran contrato social que nos une a todos? NO.

Es por ello que, desde aquí, y en una doble señal de solidaridad con LiveLeaky el derecho de expresarse Geert Wilders, hago un llamamiento para multiplicar y reproducir la disponibilidad de Fitna, esa película que en mi opinión es una bastarda porquería, pero que considero mi bastarda porquería.

A quienes no quieren, por decisión expresa, respetar lo más esencial de las reglas de convivencia en nuestra sociedad: puerta. Una tolerancia indefensa es más que una tontería, una contradicción terminal.

Sobre todo, teniendo en cuenta que tales elementos extranjeros disfrutan de un grado de protección de sus convicciones y su fe, que con creces rebasan lo dispensado en sus países de origen a personas con una fe que no sea la suya.

Es por eso que en mi entrada de ayer, el vídeo incrustado ya no es el de LiveLeak, sino el de Google Video.

Porque me toca las narices, lo vuelvo a colocar en esta entrada.

Aunque me parezca repugnante.

Por mis cojones.

Aquí la tienen:

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Fitna: el revuelo está en internet

Geert Wilders, parlamentario holandés para el partido Partij van de Vrijheid (”Partido de la Libertad,” un partido minoritario de corte derechista y xenófoba), y quien en muchos aspectos recuerda a Pim Fortuyn - asesinado hace ahora unos seis años - por su afán similar de emplear un estilo retórico provocador, ha publicado ya en internet su película como intencionada provocación: Fitna. Es una película en la que Wilders arremete contra lo que llama “islamización” de las sociedades occidentales, en clave parecida a aquella empleada por los más halcones entre adeptos de la teoría del choque de civilizaciones de Sam Huntington pero, si eso no resultara suficientemente provocador, hasta llega a situar esa “islamización” y lo que llama ideología del islam - sin más distinciones - en una comparación poco indirecta con los sistemas totalitarios del nazismo y del comunismo soviético en el cortometraje. Wilders se ha referido reiteradamente al Corán como un exponente de lo que él llama “una ideología fascista”.

Sin embargo, y antes de entrar algo más en la película en sí (tiene una duración de poco más de los 15 minutos), quisiera pintar a grandes brochazos un fondo de contexto, que me parece tan pertinente como útil para encajar tanto el proyecto de Wilders y su curiosa decisión de distribuir el cortometraje en abierto por internet, como la previsible controversia que está tomando forma en estos mismos momentos, a pocas horas de su estreno mundial.

Hace más de un año, hice unos apuntes sobre el debate parlamentario y social entonces vigente, a raíz de una propuesta de Ley presentada desde el Gobierno de coalición bajo el Primer Ministro Balkenende para prohibir llevar el burqa en público, propuesta que, según se explicó entonces, tuvo la intención de atajar “alarma social” y un posible aumento de tensiones con y entre la población musulmana residente en los Países Bajos; se estima que un 5,5% de la población holandesa es musulmana - lo que equivaldría a poco más de 910.000 musulmanes, sobre una población total estimada en unos 16 millones y medio de personas. En sintonía con un fenómeno bastante parecido en otros países europeos, la práctica totalidad de esos musulmanes migró al país durante las últimas dos o tres décadas, en su mayoría e inicialmente sobre todo de Marruecos y Turquía, aunque en los últimos diez años su origen muestra muchísimo más diversificación, también influenciado por los vaivenes de migración internacional como por las secuelas de las guerras en Iraq y Afganistán.

Para evitar tediosas repeticiones, recomiendo ver la entrada correspondiente que hice en noviembre del 2006.

Para sintetizar, la idea de prohibir llevar el burqa en público se apoyaba en dos vertientes principales:

  • Primero, que el burqa es una prenda que destaca claramente en las calles de las ciudades occidentales, al ocultar el rostro de la mujer que lo lleve en su totalidad. Tiene por ello un cierto efecto iconoclasta, de fuerte contraste con las más típicas o habituales formas de vestirse las mujeres. Al mismo tiempo, se trata de una prenda absolutamente minoritaria; se cuenta en decenas las musulmanas que sólo salen a la calle vestidas con un burqa.
  • Por la evolución demográfica al que aludí debido a inmigración masiva, evidentemente se produjo un subidón de tendencias xenófobas. En un país con una bien establecida imagen tradicional de tolerancia en lo social, político, cultural y religioso, los roces producto de súbitos cambios en estructuras demográficas y la consiguiente creciente irritación social abundó en un auge de partidos (muy) derechistas y xenófobas, y un ambiente bastante crispado o por lo menos enrarecido en el tema de políticas inmigración. Los partidos tradicionales tardaron mucho, en mi opinión demasiados años, en reaccionar y coger el toro por los cuernos con planteamientos y propuestas específicas acorde con sus ideologías.

Si juntamos estos dos elementos, y añadimos los acontecimientos de conocimiento común a partir del 11-S, así como los asesinatos de Pim Fortuyn y Theo van Gogh en el plano doméstico, reconoceremos una situación de elevada crispación y de cierta crisis de identidad política. El asesinato de Fortuyn acabó con su partido político LPF, que había tenido un crecimiento espectacular y, según sondeos, tenía posibilidades de saltar de la nada a conquistar hasta 38 escaños de los 150 disponibles en la Segunda Cámara (el equivalente del Congreso de Diputados en España), cosa que le convertiría de golpe en líder del mayor partido y, probablemente, Primer Ministro. Curiosamente, Geert Wilders salió de uno de los partidos tradicionales, el partido liberal VVD, para fundar su proyecto. Sin embargo, el PVV de Wilders se nutre más bien de votos procedentes del vacío creado y dejado por la desaparación del LPF de Fortuyn.

Bueno, con eso aclarado, volvamos a Fitna. Hay algunos aspectos curiosos. Por ejemplo, al término se dice con toda claridad que “el sitio oficial” está en Wikipedia, según la versión de idioma supuestamente en nl.wikipedia.org/wiki/Fitna y en.wikipedia.org/wiki/Fitna. Sin embargo, cuando se llega a esa página, se ve (como cabe suponer) un desmentido categórico: Wikipedia persigue la neutralidad, y simplemente por ello no puede albergar “el sitio oficial” de una obre que, con toda claridad, es más que controvertido. Otro craso error es que en el cortometraje se muestra el rostro de un jóven con barba, con unas declaraciones superpuestas de Mohammed Bouyeri, el asesino convicto de Theo van Gogh. Se supone que la foto es de él; sin embargo, resulta que la fotografía es de un rapero, Salah Edin, que tiene un cierto parecido. Edin entretanto ya reaccionó con ironía, indicando que el cambio demuestra que Wilders se descalificó, ya que al parecer es incapaz de hacer distinciones necesarias. Un tercer “gazapo” es que se muestra de forma prominente una de las muy controvertidas caricaturas danesas de Mahomá; al parecer, Wilders no pidió el permiso pertinente y ahora el autor danés anuncia pasos legales. La verdad es que son tres “errores” de una curiosa ingenuidad difícil de encajar, si uno considera el tiempo (y dinero) invertido en él.

Hay un curioso incidente relacionado con “el sitio oficial” de la película. Se había registrado el dominio fitnathemovie.com con Network Solutions, y el servidor estaba funcionando. Pero el sábado pasado (23 de marzo), o sea antes de distribuirse la película, Network Solutions cortó el acceso al sitio, alegando que había recibido “quejas”, remitiendo al visitante a las condiciones de uso de sus servicios. Es curiosa la intervención de Network Solutions, previsiblemente poniendo la venda antes de la herida y retirando una obra de contenido xenófobo y posiblemente inflamatorio hasta la violencia física. Y es curiosa la reacción, ya que Network Solutions aplicó esa diligencia de forma preventiva - es decir, antes de que se haya emitido la películo y por ello sin conocer su contenido, más allá de referencias indirectas. Las protestas inmediatamente empezaron a sonar, ya que Network Solutions por ejemplo no cortó el acceso al sitio de la organización terrorista Hezbolá (hizbollah.org) que llevaba operando desde hace tiempo. Dije “llevaba”, porque muy probablemente en respuesta a las críticas señalando un doble criterio, en Network Solutions decidieron cortar también el acceso al sitio aquel, el lunes pasado (día 24). Curioso caso de efectos de censura preventiva, pero muy preocupante ya que supone una primicia en internet que un proveedor de dominios elimine el acceso a un sitio de forma preventiva. Seguro que habrá cola de esto.

Hablando de internet: es anecdótico, por los millones de usuarios que ahora lo vieron por internet, pero resulta que ninguna de las emisoras holandesas de TV estaban dispuestas a emitirlas en su totalidad y sin interrupciones; por su duración de algo menos de 16 minutos, la verdad es que suena más bien a un subterfugio para quitarse de en medio el engorro de Wilders, más que otra cosa. Una vez más, se demuestra el curioso efecto de canal alternativo de mucho mayor alcance que es la herramienta de internet. Por regular que sea la película, sí que ha puesto en práctica saber moverse en la nueva realidad de la nueva red. Es decir, de silenciar, nada de nada.

Finalmente, unos toques sobre el cortometraje en sí. Amén de las crudas imágenes mostradas (se repiten las horrorosas imágenes del 11-S en Nueva York, el 11-M en Madrid, los atentados en Londres, y un sinfín de otras imágenes sangrientas. Que se de por avisado el lector. Luego contiene, al cierre, dos “efectos” que por su ejecución transmiten bastante claramente el objetivo de la película: generar controversia.

El primero de ellos muestra una mano que pasa una página del Corán, cuando la imagen se funde a negro y se oye el sonido de una página que se arranca. Pocos segundos después, se muestra un texto que aclara que el sonido es de una página de una guía telefónica; que no le corresponde a Wilders, sino a los propios musulmanes “eliminar” los versos cuestionados. El segundo efecto es que, al principio de la película, se muestra esa caricatura de Mahomá, que consiste en (lo que se supone que representa) su cabeza, con una bomba en su turbante, con una mecha animada encendida. Al final de la película, cuando “se acabó el tiempo”, se funda la imagen a negro, y se muestra un relámpago que centellea y se oye el trueno enseguida. Es una forma un tanto burda de “tapar” un sonido de una explosión de esa bomba del turbante.

Estos dos “trucos”, por su transparencia tanto como su puesta en escena, delatan claramente la voluntad (o mejor: el deseo) de ser controvertido, y sin embargo ni llega a tirar la piedra. Se queda en un amago que más bien tiene pinta infantil.

La verdad es que, por un lado, por supuesto cabe estar satisfecho con que no se haya cometido una temeridad deliberadamente buscando reacciones violentas. Pero por otro lado, la tremenda y vistosa falta de distinción entre las muchas corrientes existentes en el islam, o mejor dicho: la relativa baja incidencia de proponentes de violencia, que cuesta tomarse en serio el ejercicio.

Y sin embargo, tampoco puede negarse que hay riesgos. En estos momentos, parece que reina la calma en Holanda, aunque anteriormente en un despliegue bastante extenso de medidas de seguridad, se haya alojado el complejo del Parlamento, sito en el centro de La Haya, ciudad con una enorme población de musulmanes que podría causar un dolor de cabeza. Y en los medios locales, la reacción inicial refleja un cierto alivio de que al final, la película generó mucho ruido, pero al final ofrece pocas nueces. Entre los políticos, exceptuando por supuesto al PVV del propio Wilders, reina sin excepción la crítica, unánime al condenar la película como mero generador de ruidos.

Bueno, ya esta bien… Os dejo la película en sí. Una vez más: no es apto para personas de predisposición sensible. Pero una persona cabal, seguro que compartirá mi impresión de un producto superficial, lleno de espectacularmente violentas imágenes y declaraciones inflamatorias, que desinfla más a sus autores, que a la causa que pretende “atacar”.

Un poquito bochornoso sí que es, la verdad.

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Damn Right We Are

March 8th, 2008 | No Comments | Posted in Elecciones, España, Terrorismo

Mark Mardell raises a good question: were Spanish politicians right to stop campaigning? However, the way he phrases and frames that question is troubling and, certainly for me, damn irritating.

Politicians are always quick to say that terrorism will not influence them. Yet whether it is introducing harsher laws or starting peace talks, it does. But in this case have the Spanish politicians sent out the wrong signals? It is understandable why they have reacted as they did. After the terrible bombing that killed a 191 people three days before the last election it raised awful memories. When the conservatives blamed Eta rather than Islamists it seemed to change the result. This time they wanted to show dignity and unity. This was also the first Eta murder on Spanish soil for two years so it wasn’t merely the continuation of a long running campaign. Of course it is right to pay tribute to the murdered man and attempt words of comfort to his family. But won’t the murderer be sitting at home, watching TV, chuckling that he can jerk the strings of a nation? Is it right to cancel the normal democratic process?

Personally, I believe the issue goes beyond a position on whether and to which extent one should give a heightened stage for the criminals’ deeds. There is an unmistakable matter of cultural context here, and now that we’re approaching Holy Week I think that’s as good a clarifying reference as a possible comparison among public reactions in the UK and in Spain in immediate response to terrorist attacks.

To many in Spain, the significance of making a collective statement is that of a publicly visible gesture in reaffirmation of shared values. It’s not an entirely casual coincidence with Roman Catholic liturgy, where the act of participating in the sacrament of communion is a publicly visible one, too: you step up and, entirely visible to the congregation gathered in the church, you accept the symbolic flesh and blood of Christ as your own.

When, in the aftermath of the attacks in London on July 7, 2005 there was a striking common determination among Londoners to not let the atrocious deeds of a few subhuman criminals affect the course of a determined democracy, and deliberately carry on with ordinary behavior, that was as much a profound and significant statement of rejection and denial of the terrorists’ aim to alter it, as it was in the case of the massive, silent protests in response to the carnage the year before, on March 11, 2004, caused by the train bombings in Madrid. Or, more significantly, the spike in subsequent voter participation in the general elections that were picked as the deliberate backdrop for those attacks by their perpetrators.

I don’t believe there’s any bit of difference in the degree of determination to deny such criminals a change of collective course within a larger democratic framework. That’s a major reason I reject Mr. Mardell’s oversimplified attribution of a position to politicians according to which “terrorism will not influence them” as, quite obviously, terrorism does affect them, one way or another. Such is therefore an absurdly obvious and ridiculously loaded statement of falsely presumed intent.

In fact, by suggesting that politicians in Spain somehow tend to proffer a denial of patent reality in pursuit of one objective or another, by sheer logic Mr. Mardell implicitly also suggests an attitude which is any combination of brazen demagoguery and collective naiveté. Another reason not to take that argument at face value.

The underlying common thread here, both in the case of the UK and in Spain, is a collective determination to not give in to terrorists, no matter their doomed bestiality, in derailing our common course within a democratic framework.

Whether that is shown by means of a striking absence of a visible response, or precisely via a massive display of unity in that same determination, is a circumstantial matter of culture.

But there is another, more politically relevant reason to the cause for Mr. Mandell’s grappling with Spanish steel resolve. Precisely four years ago, in the attacks in Madrid, the democratic sacrament of general elections was picked as the implicit target of the terrorists. For four dreadful years, the losing party of those elections has been mauling the party that went on to form government, portraying them as responsible in varying ways for terrorism, right up to the electoral campaign that now has come to a screeching halt, due to yet another terrorist act.

To suggest that campaigning should somehow continue would therefore also imply a belief that campaigning over the still warm bodies of victims of criminal carnage somehow benefits the democratic process. Unsurprisingly, I disagree with such a suggestion.

Furthermore. there is a reason that the day before the elections themselves campaigning is forbidden by Spanish law, just as much as publication of election poll results during the five preceding days. The underlying idea is to enforce a cooling down of much-heated rhetoric, and give common sense a reasonable opportunity to fare its course, without the noise of short term idiocy and naturally myopic hysteria. Again, whether the means are effective is another issue for debate; the intent is to provide the heart of democracy with a calm beating pulse.

But in the context of a politically motivated assassination I believe it’s all the more pertinent and fitting to agree voluntarily, in true respect to democracy itself, to a common silence for reflection, in commonly shared trust in the electorate’s wisdom to do the right thing - to vote freely.

By raising the question, let alone the way he phrases it, Mr. Mardell reflects a disturbing distortion of why Spaniards, in testimony of strong democratic credentials, refuse to back down on defending democracy. Standing up and being counted in support of the normal, democratic process is an act of democratic citizenship: it is downright shameful to misrepresent that, as Mr. Mardell does, as an act “to cancel the normal democratic process”.

We suspend our campaigns because we don’t need to “debate” a defense of democracy itself. How we show that support for democracy, whether in a dignified collective gesture in protest or in a dignified absence of making gestures, is not a witness to the strength of our democratic commitment. Casting doubt on the wisdom of supporting democracy, however, is a troubling sign of misunderstanding the underlying reality.

Mr. Mardell, our credentials are not up for discussion here, where terrorists have acted in their quest to derail a democratic society on its course. I don’t need any lectures on how to defend our belief in keeping our democracy strong, and I sure as hell don’t accept your questioning our motives for doing so, Mr. Mardell: shame on you for doing just that.

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