Antes me referí a lo que considero una incomprensible tendencia a la piratería pendenciera, que abunda en fenómenos como los botnet, debido a las porquerías que criminales interesados cuelan en versiones pirateadas colgadas en Internet. Y me acordé después de lo poco que se habla en los círculos de habla española de plataformas de software abierto. Cuando digo “se habla poco”, no me refiero a los entendidos de la blogosfera de habla española, que ya se conoce el patio del software libre al dedillo.
No: me refiero a los medios de comunicación en general.
Y creo que se debe a se tienda a pensar que eso del software libre es algo para los geeks - los enteradillos que tienen conocimientos y agallas suficientes como para atreverse con alternativas al cuasi monopolista de Microsoft. Pues nuevamente, no: en el contexto del puto canon me referí a Ubuntu, el sistema operativo basado en Linux que ha llegado a la madurez, y se ofrece también en español.
Pero claro, eso no quiere decir que todos están dispuestos a borrar su disco para instalar Linux. Por eso sugiero empezar con algo mucho más fácil, y sobre todo: barato - deshacerse de Microsoft Office (Word, Excel, PowerPoint, Access…) y utilizar en su lugar el paquete de ofimática, libre y de uso gratuito que es OpenOffice. Puede leer documentos generados por Microsoft Office, y puede crearlos (o guardarlos en esos formatos cerrados) también. Y está disponible en español.
Hay varias extensiones que permiten ampliar su funcionalidad, así como plantillas de documentos, etc.
Lo recomiendo encarecidamente: si no has probado con OpenOffice, no sabes lo que es libertad. ¿Se imaginan el ahorro de licencias que supondría un cambio de uso de las administraciones públicas? ¿El alivio de usar software totalmente legal, en el idioma nativo, con soporte de actualización y de otros usuarios?
Quien tras probarlo no pega el salto, es que no le gusta la libertad.
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