Ahí está la segunda operación de órdago transatlántico de bancos centrales, tras la primera oleada en los meses de agosto y septiembre. Comparado con la primera tanda, destacan dos cosas para mi: que se trate de una operación en dólares (específicamente), y que haya anunciado la segunda como una operación escalonada, más que operaciones puntuales, con subastas agrupadas en dos lotes: dos para el 17 y 20 de diciembre respectivamente, y otros para el 14 y 28 de enero. Y mientras tanto, la Fed rebaja sus tipos para aproximarse bastante a aquellos del Banco Central Europeo (a un cuarto de punto de diferencia, sin más).
Ahora bien, al margen de la indudable oleada de enfriamiento que viene cruzando el mundo a raíz de la crisis de préstamos subprime en EE.UU. me pica la curiosidad acerca del verdadero objetivo de esta nueva operación conjunta y anunciada hoy. La denominación en dólares es lo que más me sorprende. La continuada presión a la baja sobre la moneda estadounidense se produce desde hace al menos un lustro, según muestra este gráfico que hice a mediados del mes de abril pasado (haz clic para verlo ampliado):

Aquí uno que acabo de sacar como pantallazo de Yahoo:

El primero lo puse nada más para ilustrar que la paridad dólar-euro se perdió hace unos cinco años.
Lejos de jactarme ahora de los ruidos escépticos cuando se introdujo el euro en forma metálica (aunque bueno, jojojo). El caso es que la presión sobre el dólar está llegando a ser muy preocupante. Y dada su fuerte presencia a nivel mundial, su creciente debilidad (expresada como depreciación continuada) no puede hacer más que debilitar también las demás economías. Mal asunto.
El caso es que sospecho que la operación anunciada hoy tiene más que ver con un esfuerzo coordinado para apuntalar al dólar débil, más que proveer de liquidez a los mercados financieros - aunque evidentemente ese es el camino servido en primer lugar, lo veo más bien como el instrumento de la operación, que no su fin.
Pero igualmente claro está que, por mucho que los gobiernos arrimen el hombro a través de sus bancos centrales para así paliar un problema colectivo, tendrá un efecto claramente limitado, ya que el principal motor de la debilidad económica - y por ello también financiera y monetaria - de los EE.UU. es su propio gobierno, con una política presupuestaria vestida de kamikaze; me refiero al enorme gasto (y déficit) acumulado por las dos etapas de la administración de Bush, quien logró convertir la creciente tendencia a los superávit labrados bajo Clinton en un endeudamiento creciente de manera espectacular, sobre todo al reducirse la base recaudatoria al tiempo que se impulsó un gasto frenético. Vamos, un regreso a la época de depreciación sistemática del dólar bajo Reagan, según muestra éste que preparé en abril (a diferencia de los anteriores, se muestra la cotización en sentido inverso del euro y su antecesor, el ecu, frente al dólar):

La actual tendencia se ve afectada también por el déficit comercial - aquí su desarrollo en los últimos 2 años (ya se, otro que hice con anterioridad - en el mes de mayo pasado - pero en fin…):

Por supuesto, un fortísimo componente de ese creciente déficit es la importación de petróleo, cada vez más en aumento… Que a su vez viene encarecido por las rarezas del mercado que a su vez responden a las rarezas políticas del propio gobierno de los EE.UU. - en la que la invasión y ocupación de Iraq desempeña un papel fundamental.
O sea… Mientas no dudo del enfriamiento económico global por el que estamos pasando, me pregunto a quién se está realmente apoyando aquí. Me parece que se acerca el momento de imponer unas condiciones como aquellas intervencionistas que típicamente son impuestas por el FMI y el Banco Mundial, cuando ofrecen su “ayuda”, con el criterio de que se “reformen las políticas obsoletas y contraproducentes” del país recipiente de las ayudas.
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