Cibercampaña: 65 horas, ni de coña

by nv1962, on Tuesday, June 17th, 2008 at 4:18 pm - filed under: Sindicalismo.

Vean la página de campaña en NetoRatón 2.0

Menuda semanita la que acabamos de tener… Primero, llegó el lunes de la semana pasada el anuncio de un acuerdo por mayoría entre los representantes de los 27 Gobiernos miembros de la UE, que estira la semana laboral hasta nada menos que las 65 horas.

¿65 horas?  ¡ni de coña!

Y para cerrarla, el viernes pasado, llegó la segunda ducha fría desde Irlanda en forma de un mayoritario no al Tratado de Lisboa, en el referéndum celebrado al respecto (lo requiere la constitución del país) y tras su anterior no mayoritario en el referéndum del 2001, entonces en referencia al Tratado de Niza. Y eso que, en esta segunda ocasión, la UE ha hecho todo lo posible para aplacar a los opositores, aunque esta vez también parece que el Gobierno en Dublín se había dormido en los laureles, para despertarse demasiado tarde. Y para colmo, el Tratado de Lisboa es el que intentó arreglar el entuerto causado por el no en los referéndum de Francia y los Países Bajos. Pues sí que vamos bien… Dejaré de momento de lado el coso irlandés, que ya habrá tiempo para ello, para en su lugar centrarme en la peor estupidez de las dos noticias: la infeliz idea de fijar un máximo de 65 horas trabajadas por semana en las leyes comunitarias.

¿Cómo es posible que eso pasara? Pues…

En la madrugada de ese lunes, tras una larga y acalorada discusión, los ministros de Trabajo de los 27 países miembros de la UE finalmente decidieron aprobar un texto borrador que pretende ser la nueva Directiva europea estableciendo los límites para los horarios laborables.

Con anterioridad al acuerdo, el ministro de Trabajo español Celestino Corbacho había comparecido ante la prensa para expresar el rotundo rechazo del Gobierno ante el texto y su intención de votar en contra, aunque ya en ese momento pintaba oscura la probabilidad de éxito de su oposición.

Efectivamente, y al final, el Gobierno español no tuvo más remedio que constatar que se quedó sin suficientes fuerzas entre sus socios europeos, sobre todo ahora que los Gobiernos de Italia (tras el regreso de Berlusconi) y Francia (con Sarkozy, quien había anunciado su firme intención de eliminar el tope anteriormente introducido de 35 horas laborales por semana) se negaron a sumarse al bloque de seis países opositores al nuevo texto. Cosas de elegir gobernadores sin pensar demasiado en sus previsibles consecuencias. En este caso, incluso a nivel europeo. Y luego hay quien se fija exclusivamente en las rarezas electorales de EE.UU. para encontrar ejemplos de “elecciones con efectos transfronterizos”…

Países de la UE

La Europa de los 27 - fuente: La UE en breve

Para los interesados, ésta es la lista completa de posiciones repartidas en la UE, con los seis países opositores en negrita:

  • Austria (a favor)
  • Alemania (a favor)
  • Bélgica (contraria)
  • Bulgaria (a favor)
  • Chipre (contraria)
  • Dinamarca (a favor)
  • Eslovaquia (a favor)
  • Eslovenia (a favor)
  • España (contraria)
  • Estonia (a favor)
  • Finlandia (a favor)
  • Francia (a favor)
  • Grecia (contraria)
  • Hungría (contraria)
  • Irlanda (a favor)
  • Italia (a favor)
  • Letonia (a favor)
  • Lituania (a favor)
  • Luxemburgo (a favor)
  • Malta (a favor)
  • Países Bajos (a favor)
  • Polonia (a favor)
  • Portugal (contraria)
  • Reino Unido (a favor)
  • República Checa (preside este semestre los Consejos; a favor)
  • Rumanía (a favor)
  • Suecia (a favor)

A la vista del reparto de votos de esos seis esdrújulos con un insuficiente peso de votos ponderados, y en lugar de arriesgar costosísimas consecuencias de una batalla prácticamente imposible de ganar con un hipotético bloqueo (es decir: votando en contra), el Gobierno español optó en su lugar lógicamente por abstenerse en la votación, con la idea (y la esperanza) de cobrar posteriormente la máxima presión social y política posible, mientras el Parlamento Europeo tamiza el borrador, ya que aquel órgano ha de ser consultado antes de poder adoptarse formalmente como Directiva del Consejo Europeo.

Los abogados de la decencia y justicia social tenemos, pues, muy poco tiempo que perder al manifestar nuestro más profundo y frontal rechazo a la propuesta, todo un salto cuántico hacia atrás en el tiempo, hasta situarnos en un lugar decimonónico. Pero antes de entrar en el contexto histórico, veamos las esencias de las propuestas.

¿De qué se trata exactamente?

Técnicamente hablado, la reunión del Consejo del lunes se centró en dos temas:

  • La actualización de la normativa comunitaria vigente sobre horarios laborales, mediante una nueva Directiva sobre Horarios Laborales, y:
  • La actualización de la normativa comunitaria vigente sobre empleo temporal, mediante una nueva Directiva  sobre Trabajadores de Agencias de Empleo Temporal (más conocidas como ETTs o empresas de trabajo temporal).

En el segundo tema no he visto puntos muy conflictivos; no obstante, para quien esté interesado en comprobar los acuerdos esenciales en materia de empleo temporal, remito al comunicado de la Comisión al respecto.

Es el primer tema, sobre horarios de trabajo, el que presenta como poco una imagen algo surrealista de algunos políticos en Europa. Tirando del único texto que he podido encontrar en la red con un atisbo de autenticidad, he traducido los siete elementos principales del acuerdo de la Directiva sobre Horarios Laborables, como sigue:

  1. El tiempo de estancia de guardia (por ejemplo, en hospitales) se dividirá entre tiempo de guardia activa e inactiva. El tiempo de guardia activa será contado como tiempo trabajado.
  2. Tiempo de guardia inactiva no podrá contarse como tiempo de descanso, pero sí podría contarse como tiempo trabajado, siempre que las leyes nacionales o los agentes sociales así lo acuerden.
  3. El límite estándar máximo permanecerá en las actuales 48 horas trabajadas por semana, a menos que el trabajador individual elija otra cosa (lo que llaman la cláusula de excepción, el “opt-out”, algo fuertemente propugnado por el Reino Unido, que así ve convertido en normativa comunitaria su actual situación de excepción - sí, otra excepción británica más - que se negoció anteriormente).
  4. Un nuevo límite (tope) protector para aquellos trabajadores que opten por no adherirse: para ellos, habrá una semana laboral de 60 horas máximo, a menos que los agentes sociales acuerden otra cosa.
  5. Se introduce otro tope aumentado para aquellos trabajadores que opten por no adherirse en los casos en que el tiempo de guardia inactiva sea contado como tiempo trabajado. En esos casos, la semana laboral será de hasta 65 horas máximo.
  6. El tope protege a todo trabajador con empleo por más de 10 semanas en la misma empresa.
  7. El no adherirse (”opt-out”) sólo se permitirá bajo determinadas condiciones, como son:
  • a) No puede firmarse el “opt-out” durante el primer mes de empleo.
  • b) No pueden tomarse represalias (”victimización”) por no firmar un empleado el “opt-out” o por retractar su permiso dado a éste.
  • c) Los empresarios deben mantener una administración de las horas trabajadas por aquellos empleados que aceptaron firmar el “opt-out”.

Considérese esta frase, tomada de una ya vieja declaración sindicalista:

La limitación por ley de la jornada laboral es una condición previa; sin ella, cualquier otro esfuerzo de mejorar y emancipar la clase trabajadora quedará demostrado como fallido.

Esa frase la encontrará quien hurgue en las hemerotecas de la Asociación Internacional de Trabajadores. Para más señas, su congreso celebrado en Ginebra, en agosto del año 1866 (sí, lo leyó bien: 1866). En esa misma ocasión, se instó a adoptar la jornada laboral de ocho horas en un máximo de seis días, o sea 48 horas por semana; una idea ya puesta en marcha en Nueva Zelanda desde octubre de 1840, sobre todo gracias al tesón del carpintero Samuel Parnell, a quien se le atribuye haber dicho: “Hay veinticuatro horas que se nos dieron por día; ocho de ellas deberían ser para el trabajo, ocho para dormir, y las restantes ocho para el ocio, y en las cuales la gente pueda hacer las pocas cosas que quiera hacer para sí misma…”

Quién iba a decir que unos 140 años más tarde eso volvería a sonar utopista… ¡en Europa! Resulta como poco sangrante que, hoy en día, el Reino Unido y EE.UU. - dos países en su momento tan decisivos al adoptar leyes innovadores que regularon el mercado laboral en condiciones al menos un poco por encima de lo infrahumano - ahora están en la vanguardia del retroceso social. Sin lugar a dudas, esos dos países fueron líderes entre los que poco a poco hacían merecerse el calificativo de países avanzados y civilizados, más que meramente industrializados. Es una pena que no haya una versión en español, pero quien esté interesado en la historia de la lucha por conseguir la jornada laboral de ocho horas, puede darse un paseo por el excelente artículo pertinente en Wikipedia. Las históricas luchas y reivindicaciones de la jornada de ocho horas está fuertemente conectada con la actualmente tradicional conmemoración y celebración del Día del Trabajo; al final, va a resultar que nos quedamos con una fiesta en honor del santo de la patronal, celebrada en el Día del Trabajo… En fin.

Qué duda cabe que me sumo, sin titubeo, a la cibercampaña de Don César. Ahí va, pues:

¿65 horas? ¡Ni de coña!

¿65 horas? ¡ni de coña!

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1 Response to Cibercampaña: 65 horas, ni de coña

  1. Hace falta un gran debate sobre Europa | nv1962

    [...] tema de la absurda propuesta de la semana laboral de 65 horas tiene mucho que ver con esta cuestión: fue, más que nada, la presión británica la que empujó a [...]

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