by nv1962 | Mayo 20th, 2008
Primero una observación un poco tangencial: por algún motivo, veo que se trata el resultado obtenido hoy en Oregón, si no con mayor atención que la aplastante victoria que obtiene Clinton en Kentucky, al menos como algo parecido. Y eso, que en Kentucky Clinton está obteniendo un diferencial superior a los doscientos mil votos. La diferencia en Kentucky entre Clinton y Obama (Clinton sacó más del doble de votos a Obama en Kentucky) es del 35%, más del doble que la diferencia a favor de Obama en Oregón. Algo no me encaja, cuando se presta más atención al estado de menor población, encima mostrando una fracción de diferencia en el resultado. La diferencia en Kentucky es abismal. En fin; cuestión de sesgo en el enfoque, supongo.
Al parecer hay quien se extraña por la determinación de la senadora Hillary Clinton por seguir en la carrera por la candidatura a la presidencia; he aquí una explicación.
En primer lugar, la presiones y las llamadas tanto directas como indirectas para que desista la senadora no sólo caen en saco roto por los argumentos que a continuación ofreceré, sino que van en contra de la voluntad de una clara mayoría de los propios votantes. Hace unos días, el centro de investigación Pew Research Center publicó los quizá sorprendentes resultados de un sondeo, en el que un 72% de los encuestados se muestra en contra de la tendencia entre los medios de comunicación de tratar a Barack Obama como el virtual candidato demócrata, a la vez tratando a Hillary Clinton como prácticamente irrelevante:
Barack Obama may be building an insurmountable lead in the Democratic primary race, but the public is sending a strong message to journalists and pundits: It is too early to declare, as some already have, that the race is over. Fully 72% of the public - including comparable percentages of Democrats, Republicans and independents - say that journalists should not be anointing Obama as the Democratic nominee at this stage in the race. Just 20% say that journalists should be doing this. Opinion among Democrats about what the press should do in this regard may well reflect their view that Hillary Clinton should stay in the race. Recent surveys by Gallup and ABC News/Washington Post find that most Democrats believe that Clinton should stay in the race. In the ABC News/Washington Post survey, released May 12, 64% of Democrats, including 42% of Obama supporters, said Clinton should remain in the race.
[Mi traducción - nv1962] Puede que Obama esté montando una ventaja insuperable en la carrera de las primarias demócratas, pero el público en general está enviando un claro mensaje a los periodistas, comentaristas y cabezas parlantes: es demasiado temprano para declarar, tal y como algunos ya lo hicieron, que la carrera se acabó. Nada menos que un 72% del público en general — incluyendo porcentajes comparables de demócratas, republicanos e independientes — dice que periodistas no deberían en esta fase de la carrera sacralizar a Obama como el candidato demócrata. Tan sólo un 20% dice que los periodistas deben hacerlo. Las opiniones entre los demócratas sobre los que la prensa debe hacer al respecto podría bien reflejar su opinión de que Hillary Clinton debe permanecer en la carrera. Sondeos recientes de Gallup y ABC News/Washington Post concluyen que la mayoría de los demócratas opina que Clinton debe mantenerse en la carrera. En la encuesta de ABC News/Washington Post, publicada el 12 de mayo, un 64% de los demócratas, incluyendo a un 42% de quienes apoyan a Obama, indicó que Clinton debe permanecer compitiendo.
Lea el texto aquí. El que algunos insistan en presentar a Obama como “candidato virtual” o a Clinton como “incomprensiblemente obstinada” al continuar no tiene, pues, mucho que ver con la opinión mayoritaria, que lógicamente entiende que la cosa no acaba hasta que de verdad se definió.
Claro, ahí es donde entra el manejo de “datos” con los que se pretende “demostrar” que la cosa está ya prácticamente concluida a favor de Obama. Sin embargo, y como también dice la propia senadora: ¡no tan rápido!
Contando con las primarias de hoy - en los estados de Oregón y Kentucky - aún hay más de 5 millones (!) de votos en juego. Como poco, cabría tener en cuenta la circunstancia de unas reñidas primarias, y aunque sólo fuese por ello, no tratarlos como irrelevantes o dados ya por hecho.
Veamos un mapa con los resultados obtenidos en los estados donde se celebraron primarias (o caucus), hasta el día de hoy (la imagen está basada en un mapa electoral del New York Times):

Los estados de color verde oliva son aquellos en los que ganó Obama; los azules indican donde ganó Clinton. En rojo marqué Oregón (OR) y Kentucky (KY) que celebran sus primarias hoy (20 de mayo), mientras que en blanco se muestran Montana (MT) y Dakota del Sur (SD) que votarán en primarias el 3 de junio próximo, junto con Puerto Rico (no se muestra en el mapa) que sí participa en las primarias demócratas, pero no en las presidenciales de noviembre. Curiosamente, un portorriqueño que fije su residencia en los EE.UU. sí puede participar en las elecciones presidenciales desde esa nueva residencia.
He reseñado en ese mapa algunos estados, sobre los que voy a elaborar un poco su “peculiar” situación.
Hoy pues, se definirá el reparto de votos en las primarias de Oregón y Kentucky; al tratarse de primarias cerradas, sólo pueden participar los demócratas registrados (”censados”) como tal, y sus votos emitidos repercuten directamente en la gran mayoría de delegados que representarán a su candidato en la convención nacional, donde (se supone que) se designará al candidato oficial del partido. Aproximadamente un diez por ciento de los delegados disponibles no se distribuye por votos emitidos, ya que se reserva para los así llamados “súperdelegados” - oficiales del partido, que votan “según su conciencia” (y que por esa misma razón son objeto de una continua campaña de presión, perdón: persuasión de los candidatos, quienes procuran conquistar su compromiso de voto). Concretamente, Oregón tiene 13 de esos “súperdelegados” y Kentucky 9.
Ahí se produce la primera “curiosidad” que reseño aquí: Oregón tuvo en 2007 una población estimada de 3.747.455 personas, casi medio millón menos que Kentucky con sus 4.241.474 habitantes. Y sin embargo, Oregón tiene en juego hoy 52 delegados (de los 65 delegados en total por Oregón), a diferencia de Kentucky con sus 51 delegados que se distribuyen hoy (de los 60 delegados en total por Kentucky). O sea, primera conclusión: el número de delegados en las primarias demócratas no es proporcional al número de habitantes del estado. Oregón tiene, contando los delegados “normales” (adjudicados hoy) y los “súperdelegados”, un total de 5 delegados más que Kentucky. Sin embargo, y cuando toquen las elecciones generales en noviembre, el diferente peso demográfico entre los dos sí se refleja en el los votos del colegio electoral en juego: KY tiene 8 votos de electores, OR tiene 7. Es un ejemplo (daré más abajo) de los que demuestran cómo, según las curiosas reglas del partido demócrata, el el reparto de votos no se rige exactamente por peso demográfico del estado, ni por proporcionalidad de los votos. Es decir: no vale lo mismo un voto en un estado que en otro.
Ahora, algo sobre los más evidentes por conocidos (y polémicos) casos de Michigan (MI) y Florida (FL). En 2007, se calcula que Michigan tuvo una población de 10.071.822 habitantes; las primarias demócratas deberían haber resuelto la distribución de 157 (!) delegados en total. En Florida, con sus 18.251.243 habitantes en total, las primarias deberían haber repartido los 211 (!) delegados que le corresponden a este estado. Sin embargo, en ambos estados se produjo una colisión casi incomprensible de factores: por un lado, un enloquecido empeño de oficiales locales del partido demócrata por anticiparse al calendario oficialmente aprobado para las primarias, y por otra una igualmente incomprensible tozudez de la cúpula del partido nacional (sobre todo, por el dúo formado por el presidente del partido, Howard Dean, y Donna Brazille, figura con un gran peso sobre las reglas) de excluir por completo los delegados de los dos estados de participar en la convención nacional. Entre los republicanos, para contraponer con un ejemplo de gestión más cabal, la dirección nacional del partido republicano decidió cortar a la mitad el número de delegados de aquellos estados que rompieron la disciplina.
Cabe detenerse en ello por un momento. Se trata de dos estados con un peso demográfico y electoral importantísimo de cara a las elecciones de noviembre. Sin duda, la decisión de pasarse por el arco del triunfo el calendario marcado se merece un castigo. Pero ¿de dónde vino ese empeño en desafiar al partido nacional y prácticamente pedir por una sanción? Con el paso del tiempo, no puedo remediar la sospecha que cuando se montó la operación, ya se tenía una buena sensación de quién iba por delante, con gran holgura además, en ambos estados: la senadora Clinton. De hecho, las totalmente devaluadas primarias arrojaron una cómoda victoria para ella - y eso que la participación no fue extraordinariamente baja, considerando la de antemano conocida exclusión de sus resultados. Pero sospechas de maquinaciones aparte (por fuerte que sea el tufo, más aún mirando al nombre del obvio beneficiado) el resultado es que se redujo con ello también el listón de las primarias: en lugar de tener que lograr más de 2.200 delegados para garantizar la nominación oficial, y sin contar en absoluto con FL y MI, se creó una meta acortada de 2.026 delegados. En términos simples: eso da otra ventaja más a Obama, ya que le resulta imposible obtener los más de 2.200 delegados con los que están en juego.
Para que no haya lugar a dudas: el caso inverso, de una hipotética decisión — que en estos momentos es harto improbable que se produzca antes de la convención — de admitir los delegados de ambos estados tampoco resultaría en una resolución. De hecho, el equipo de la campaña de Clinton propuso resolver el problemón con dos soluciones, que han sido rechazadas de plano por el equipo de Obama: no quieren ni repetir las primarias, ni siquiera repartirse a partes iguales los delegados (aún cuando en los dos estados se produjo un resultado que claramente indica a Clinton como su más que probable ganadora). Más claro, agua: a Obama no sólo no le interesa contar con Florida y Michigan, sino que le interesa más descartar esos delegados por completo. Hay más que suficientes datos que indican cómo esos dos estados se decantarían por Clinton.
A mi juicio, se trata de la más absurda operación tipo pan para hoy, hambre para mañana ya que, de salirse con la candidatura, a Obama le saldrá un enorme obstáculo en eses dos estados cuyos votantes seguro le presentarán la factura de su actual desprecio. Es inconcebible que la meta final de las elecciones en noviembre no le haya aconsejado proponer y acordar una solución más cabal; resulta para mí ser un motivo más por el que desconfío muchísimo de su capacidad para llevar un proyecto político, con el peso que precisamente implica el gobierno de los EE.UU. El favorecer tácticas que le ayudan a ganar primarias para luego perder elecciones no me parece proyectar una genuina voluntad de cambio. Pero dejemos a Florida y Michigan - hay más, mucho más por el que cabe ejercer cautela antes de proclamar a Obama como “candidato”.
Vean el mapa, y verán que Tejas está coloreado como “repartido entre los dos”. Es cierto: ese ese estado se impuso un sistema absolutamente ridículo, compuesto de una parte en primarias, y otra en (algo parecido a) caucus, ya saben: asambleas electorales en las que no hay voto secreto, pero sí lugar para amañar el resultado con tácticas de intimidación en grupo (es que la gente se sienta físicamente junta en esas asambleas, según su candidato preferido). Estará claro que a mí me parecen una burrada de método para elegir candidatos en un proceso de votación que se supone ha de ser transparente y democrático, pero allá quienes lo prefieren… El caso es que Tejas con sus 23.904.380 estimados en 2007 es el segundo estado más poblado de los EE.UU. Lógicamente, le corresponde un montón de delegados: un total de 228, repartidos entre 35 “súperdelegados” y… Ahí se complica la cosa. Los 193 delegados “normales” restantes se dividen en dos grupos. De ellos, 126 son elegidos mediante primarias, celebradas el pasado 4 de marzo. Los 67 delegados restantes se eligen durante una larga y enorme serie de sucesivas asambleas electorales (¡más de 8.000 de ellos!), que se van celebrando en tres etapas a lo largo de un periodo que va desde el 4 de marzo hasta el 7 de junio (!) próximo.
En las primarias, que son elecciones “normales” en el sentido de llegar, depositar el voto, y adiós muy buenas, participaron casi 2,9 millones de tejanos, de los cuales un 51% votó a favor de Clinton, y un 47% a favor de Obama. A pesar de sacarle 100.000 votos de ventaja, Clinton sólo obtuvo 4 delegados “normales” más que Obama. Pero fíjense cómo en los tumultuosos caucus, Obama de repente saca más delegados, sin duda ayudado por el hecho que cuenta con una base de apoyos por lo general mucho más dispuesto a aguantar el latazo de esas reuniones: en la primera tanda de esas asambleas que se celebró el mismo 4 de marzo, inmediatamente después del cierre de los colegios electorales de las primarias (desde las 7:15 de la tarde de ese día; ¿se imagina tener que aguantar todo el día para encima lanzarse a otra fastidiosa asamblea?), y que se celebró a nivel de distrito (barrio) electoral. Pues bien, a diferencia del resultado de los votos de las primarias del mismo día, Obama obtuvo el 56% (!) de los delegados a nivel de distrito, frente al 44% para Clinton. En la segunda etapa de asambleas, a nivel de condado (un poco como las provincias en muchos países) y de distrito de senado, celebrado el 29 de marzo, se repitió ese patrón contrario a los resultados de las primarias: Obama obtuvo un 55% de los delegados de condados y distritos senatoriales, mientras que Clinton obtuvo un 45%.
Perdóneme el cinismo, pero no creo que durante la convención a nivel estatal (la tercera y última fase de asambleas), el 7 de junio próximo, Clinton tenga muchas esperanzas de hacerse con una mayoría, por simbólica que sea, de esos 67 delegados que restan para el estado de Tejas. A la organización por hispanos LULAC tampoco le parece que la cosa se regirá por justicia, ya que presentaron una denuncia al propio partido demócrata de Tejas por falsear la ponderación y distribución de votos por distrito. Los conocedores de la situación indican que, de ellos, Obama probablemente sacará unos 37, y Clinton 30. Eso quiere decir que una victoria (por estrecha que sea) en las urnas en votaciones normales por un grupo de 126 delegados le datan sólo 4 delegados de ventaja a Clinton, mientras que un opaco sistema de votaciones “a lo sindicalista” para repartirse casi la mitad, o sea 67 delegados, le da seis delegados de ventaja a Obama. Un resultado, digamos, contrario a lo que una persona cabal supondría o intuiría. Digo yo. En fin: quien quiera deshilar al completo el misterio de primarias y asambleas de Tejas, que consulte el artículo en Wikipedia.
Basta ya de Tejas; veamos el si cabe más curioso aún caso del estado en el que vivo: Nevada. En Nevada se celebraron también caucus, pero en un sistema más simplificado comparado con la extraña combinación de primarias y asambleas / caucus de Tejas. En Nevada, sólo había caucus, cuyo resultado se filtró en tres etapas para distribuirse los 25 delegados en juego (es decir, aparte de los 9 “súperdelegados” por el estado). La primera era la serie de asambleas (caucus) a nivel de distrito de barrio, el 19 de enero pasado. Ahí, Clinton obtuvo el apoyo de un 51% de los participantes, resultando en 5.459 delegados de distrito; Obama sacó un 45%, equivalente a 4.844 delegados. Sin embargo, por la desproporcional distribución o ponderación demográfica del peso de votos y delegados en los 17 condados en este estado, y en contra de la distribución de preferencias de los votantes, Obama sacó en esa primera vuelta un resultado equivalente a trece delegados nacionales, frente a doce para Clinton. A la izquierda ven la distribución de mayorías en los condados en Nevada: celeste para Clinton, oscuro para Obama.
La segunda etapa de los caucus en Nevada - a nivel de condado - estaba prevista desarrollarse el 23 de febrero. Pero ahí se produjo otra “curiosidad”. Había dos condados donde el resultado de la primera ronda les sabía particularmente amargo a los seguidores de Obama: en Washoe, del que Reno es su sede, y en Clark, el “condado coloso” ya que alberga un 80% de la población de todo el estado, sobre todo en su sede que es Las Vegas. En Washoe se esperó que Obama iba a ganar con gran holgura. Y efectivamente ganó (sobre todo por la presencia de la universidad, ya que especialmente entre estudiantes Obama cuenta con una importantísima baza de apoyos) pero no por un margen apabullante. El factor fue sobre todo la gran participación por votantes mayores de 45 años de edad (una demografía de gran fortaleza para Clinton). Sin embargo, fue Las Vegas donde se produjo una enorme asistencia a los caucus, resultando además en un aluvión de votos a favor de Clinton. La gran mayoría de los votos a favor de Clinton a nivel estatal se produjeron ahí - cancelando de hecho las aportaciones de donde la campaña de Obama había puesto sus esperanzas: en los residentes de suburbios, más adinerados y mayores estudios.
Ello, de introducción para volver a la “curiosa” situación de los condados de Washoe y de Clark. Para la segunda tanda de asambleas, prevista para el 23 de febrero, los seguidores de Obama se aplicaron con un sencillo y eficaz método de palanca social para acrecentar su cota de delegados para la siguiente fase: decidieron asistir de manera masiva a esas asambleas, en calidad de “observadores”. Las asambleas son abiertas a todo el mundo, como cabe esperar de un sistema que desea demostrar su transparencia. Sin embargo, se llenó el aforo hasta tal punto que los propios delegados (elegidos en la anterior tanda) acabaron sin poder asistir.
Y eso lo presenciamos en Washoe - donde mi esposa era delegada de condado para Clinton - pero más que nada, se produjo en Las Vegas, donde el aforo fue desbordado de manera masiva hasta el punto de tener que suspenderse la asamblea de distrito, posponiéndola hasta otro día (al final, se celebró el 12 de abril). En Washoe, el griterío y alboroto abundó en que se amilanaron bastantes delegados de Clinton, dejando que aumentaran los seguidores de Obama el número de sus delegados para la asamblea estatal (la tercera fase), entre tanto jolgorio.
En Las Vegas, la decisión de aplazar la asamblea al menos taponó esa posibilidad de forzar (de forma poco honrosa) los delegados, pero con ello no se evitó su repetición - con gran éxito para los de Obama - en el tercer y último nivel: la asamblea estatal, que se celebró precisamente la semana pasada aquí, en Reno, el pasado 17 de mayo. Una vez más, los delegados de Obama supieron desbancar a los de Clinton. Pero esta vez, y en lugar de mantenerse un equilibrio más o menos acorde con el reparto de los votos del caucus inicial del 19 de enero, esta vez consiguieron hasta hacerse con una mayoría de delegados. Al final, robaron otro delegado nacional más al campo de Clinton: Obama se sacó 14 delegados de Nevada, y Clinton, acabó con 11. A algunos, esa “operación” les parece una una travesura. Francamente, y teniendo en cuenta el reparto de votos del propio electorado demócrata me parece una tremenda bofeta a los votantes. Pero sobre todo, lo que “lograron” es deslegitimar por el camino al propio Obama.
Finalmente, unas consideraciones sobre la procedencia de la inmensa mayoría del número de delegados de más que Obama en estos momentos tiene sobre Clinton. En más del 90%, proceden de estados de peso demográfico relativamente (o absolutamente) pequeño que celebran caucuso - y no primarias. De entrada, también por lo anteriormente mencionado, tengo sospechas ante resultados obtenidos en caucus, al ser feudo de maquinaciones opacas (y por ello, poco conocidas). De hecho, lo ocurrido aquí en Nevada apenas salió en prensa, salvando medios locales. Pero también si nos fijamos en los resultados de estados más pequeños, como por ejemplo Nebraska o Idaho, vemos como un diferencial de poco más de 10.000 votos abunda en una plusvalía de delegados nacionales que poca proporcionalidad tiene con los más de 200.000 votos de más obtenidos por Clinton en los casos de Pennsylvania o Virginia Occidental. Es por ello que la estrategia (muy inteligente, sin duda) del equipo de Obama fue precisamente el de pujar fuerte por esos estados más pequeños, donde la participación electoral (por tratarse de “latosos” caucus) es considerablemente menor que elecciones normales, como en noviembre.
El caso es que la senadora Clinton está diciendo ahora, con buena parte de la razón, que ella ganó en los estados más importantes, más poblados, de mayor peso electoral de cara a noviembre, hasta el punto de poder afirmar (con razón) que ganó en estados que equivaldrían a 300 votos del colegio electoral; más que suficiente en elecciones presidenciales. Pero más que nada, que ganó en estados obteniendo una pluralidad demográfica - tanto expresado en el número de votantes demócratas como de habitantes - que, a todas luces, le permiten decir que el resultado no puede ser interpretada como una “clara victoria” de Obama. Es más: ella reclama una mayoría de votantes.
A la vista del aluvión de problemas que le aguardan a Obama de cara a las elecciones de noviembre, no sólo tiene razón al afirmar mayor fortaleza, sino que debe ponerse la barba en remojo el liderazgo del partido demócrata en caso de resultar nominado formalmente Obama: en noviembre, le espera un duro despertar. Como dije: pan para hoy, hambre para mañana.
Permítanme cerrar con un más que curioso dato, procedente de una fuente absolutamente ajena a tanto Obama como Clinton: el archiconocido (y brillante, por mucho que me duela reconocerlo) estratega de Bush: Karl Rove. Hace unos días, la campaña de Clinton consiguió una copia de una presentación de datos procedente de precisamente la empresa de relaciones públicas de Karl Rove. En ella, se muestra una combinación (pormediada) de sondeos, contraponiendo las candidaturas de John McCain a Barack Obama, y John McCain frente a Hillary Clinton.
Primero les muestro las proyecciones de esos sondeos a lo largo del tiempo, para cada uno de los dos posibles emparejamientos (hipotéticos) del próximo mes de noviembre.
Primero, McCain comparado con Obama (haga clic para ampliar):
Ahora la comparación entre McCain y Clinton (clic para ampliar):
Quizá más clarificador sea lo siguiente, en el que se muestra el resultado por estado, y más que nada, expresado en una proyección de votos electorales. Primero, la comparación entre McCain y Obama:
Fíjense que ese este mapa, se muestra cómo McCain puede ganarle a Obama (y según esa proyección lo hará). Sin embargo, el siguiente mapa es más significativo, ya que se muestra la comparación de votos (proyectados) entre McCain y Clinton - en la que gana Clinton:
Eso debería dar algo que pensar cuando hasta Karl Rove indica que Clinton sí tiene posibilidades de ganar en noviembre, y Obama no. Es lo mismo que pienso yo - una simple lectura de datos demográficos de los votantes por estado me lo dice con claridad. Pero la conclusión es, en todo caso, que una candidatura oficial de Obama es pan alegre para hoy, y hambre de presidencia en noviembre.
Al menos quedaría una consolación: más que probablemente se enfrentaría el Presidente McCain a una tremenda mayoría demócrata, en la Cámara y en el Senado, por lo que la única legislatura que tendrá (si la sobrevive) estará con las alas bien cortadas, y las posibilidades de hacer amagos de cosas raras, ultra limitadas.
Veríamos veinte años después de la arrasadora victoria de Bill Clinton en 1992, cómo tres legislaturas serán barridos por una doble mayoría demócrata - eso sí, suponiendo que no vuelvan a poner a un tontolabas de candidato.
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Julio 17th, 2008 a las 13:25
[...] demócrata por elegir una habilísima táctica, que no por convencimiento mayoritario, y desde luego no por mayoría simple de votos. Cosa de los peligrosos y traicioneros fangos de celebrar caucus, en lugar de primarias abiertas y [...]