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La finalidad de penas judiciales

A raíz del horroroso caso de desidia, descuido y negligencia judicial que subyace la muerte de Mari Luz Cortés, El País le dedica hoy merecidamente un editorial, ponderando las implicaciones pertinentes. Lo extraordinario del caso viene ilustrado por el hecho que el propio presidente del Gobierno decida ponerse personalmente en contacto con los padres de la víctima.

Con las emociones a flor de piel por este caso, no debe sorprender que haya clamores por (volver a) introducir la pena de cadena perpetua. Sin embargo, camino a su conclusión, el autor del editorial deja esta asombrosa afirmación, con la que estoy plenamente en desacuerdo:

La cadena perpetua es inconstitucional porque atenta contra el principio de que la finalidad de las penas debe ser la reinserción, y desde luego no hubiera evitado la muerte de Mari Luz si el juzgado encargado de aplicarla hubiera incurrido en la misma falta de diligencia.

Al desconocer la identidad del autor, no sé si se trata de una persona con formación legal a sus espaldas, pero al margen de que lo sea, da muestra de una misma incomprensión absoluta del carácter complejo y jerárquico de valores y principios que cimientan el sistema judicial, de la que dieron muestra - al parecer con una brutal indiferencia - los responsables de la permanencia en libertad de un criminal, por lo que se dio lugar al brutal crimen mortal.

Si bien es cierto que la reinserción social es una importante finalidad en la gestión del sistema penal, hay algo que prima por encima de todo lo demás: la protección de la sociedad a la que sirve.

El mero hecho de existir casos reales que ilustran la limitación de la reinserción social - lamentablemente hay individuos que son tan irreductibles como irrecuperables - ya sugiere que no debe tomarse como finalidad ulterior en sí.

Un sistema judicial no está para cumplir con objetivos fruto de consideraciones circunstanciales de legisladores. Por mucho que algunos pretender convertir la política en la nueva religión, en realidad los políticos tienen una tarea básica de representar la voluntad contemporánea popular; los jueces están para equilibrar esa voluntad con los preceptos colectivos y básicos. Y es que todos los ingredientes del trias politica están, en su conjunto, para servir a la sociedad en la que procura obrar su tarea de equilibrio fundamental. El gran contrato social no está para nada más y nada menos que mantener la fortaleza de una convivencia pacífica y fomentar su desarrollo.

Penas judiciales, por encima de enfocarse en la posible reinserción social de reos, tienen la obligación primaria y principal de proteger la sociedad. Por ello, me parece que la figura de cadena perpetua sí tiene cabida, en esos casos aislados y puntuales donde la gravedad del delito y/o la irreductibilidad del condenado no lo justifican.

Una cosa es rechazar el castigo en sí como fin absoluto del sistema penal, cosa que hago y por ello dejo de lado como opciones imposibles fenómenos afortunadamente superados en países civilizados como la tortura y la pena capital, y el último además por la irreversibilidad de la pena: al muerto por sanción estatal equivocada no hay restitución posible.

Pero ni rechazo la cadena perpetua como desideratum (por mucho que se haya incorporado en el acervo comunitario) ni me parece que se deba olvidar que la principal obligación de cualquier estado democrático es proteger a sus ciudadanos.

Por ello, no puedo más que objetar a esa frase del editorial, por mucho que esté (y estoy) de acuerdo con que en el caso de la pequeña Mari Luz ni viene a cuento, ni debe confundirse con los fallos institucionales que realmente están en la causa del triste crimen de su muerte.

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Blasfemia en Holanda: el caso de Gerard Reve (1968)

March 29th, 2008 | No Comments | Posted in Migración, Religión, Sociedad

Escucho, veo y leo a raíz del tema de la polémica película Fitna (ver las dos entradas anteriores) algunos comentarios que se preguntan, esencialmente, por qué no se meten los holandeses con su “propia” religión. Al ver (y comentar en) una entrada de Hugo Martínez, me acordé del infame caso del escritor Gerard Reve.

En 1968, salió a la luz su novela Nader tot U (”Más cerca de Usted”) en el que se refiere a Dios en la forma de un burro, y si fuera poco, se recrea en la novela con la forma más adecuada de copular con el divino animal. La fiscalía no tardó en aplicar el código penal, encausándole por blasfemia: el juicio fue el sonado tema del año, con una enorme cobertura en los medios - todo un escándalo. Al final fue absuelto, ya que la fiscalía no pudo demostrar de manera fehaciente que la intención del autor era precisamente mofarse; técnicamente, se alegó por parte de la defensa, se trataba de hacer el amor - o sea, un acto de devoción.

Sea como fuere, es una clara ilustración de que ni se trata de una “nueva” aparición de blasfemia en Holanda con el caso Fitna, ni es exclusivo el enfoque crítico sobre el islam en concreto.

Por cierto: ni es único en Europa el caso de Holanda.

La verdad es que, con lo que a “insultos” al cristianismo se refiere (en general y en cualquiera de sus particulares: protestantes, católicos, ortodoxos…) eso ya está más que visto. De hecho, es la mismísima base sobre la que se creó la imagen de un país tolerante.

Es algo que los nuevos allegados harían bien en tener en cuenta, antes de exigir un trato diferencial imposible, además de indebido. En Occidente, las libertades ya se pagaron, una detrás de otra - y sin excepción alguna.

Aplíquese la lección correspondiente; principalmente, que el precio de la libertad es la obligación moral de defenderla.

Incluso, no: especialmente cuando resulte menos conveniente.

Por cierto: circula desde hace tiempo en Holanda la idea de abolir la figura de delito de blasfemia.

Agregado mucho más tarde: y eso que no deja de ser controvertida la cuestión de distinguir y evaluar roces entre cultura/sátira y religión/blasfemia, desde el más reciente pero ya casi olvidado caso de Life of Brian hasta Piss Christ.

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Censura impuesta a LiveLeak: la dictadura de la tolerancia falsa

March 29th, 2008 | 11 Comments | Posted in Sociedad, Terrorismo

Ayer coloqué en mis reflexiones sobre Fitna una incrustación de la pelicula en su versión inglesa, colgada en el sitio LiveLeak.com. Hace unas horas, y al parecer debido a gravísimas amenazas recibidas por LiveLeak, lo retiraron.

El texto ofrecido en el lugar del vídeo dice así:

Following threats to our staff of a very serious nature, and some ill informed reports from certain corners of the British media that could directly affect the safety of some staff members, LiveLeak has been left with no other choice but to remove Fitna from our servers. This is a sad day for freedom of speech on the net but we have to place the safety and well being of our staff above all else. We would like to thank the thousands of people from all backgrounds and religions, who gave us their support. They realised LiveLeak.com is a vehicle for many opinions and not just for the support of one. Perhaps there is still hope that this situation may produce a discussion that could benefit and educate all of us as to how we can accept one anothers culture. We stood for what we believe in, the ability to be heard, but in the end the price was too high. LiveLeak.com

Mi traducción rápida al español:

Siguiendo unas amenazas de caracter gravísimo, dirigidas a nuestro personal, y algunas noticias mal informadas de ciertos sectores de los medios británicos que podrían directamente afectar la seguridad de algunos miembros del personal, LiveLeak se vió sin más opciones que retirar Fitna de nuestros servidores. Éste es un día triste para la libertad de expresión en la red, pero debemos situar la seguridad y el bienestar de nuestro personal por encima de cualquier otra cosa. Quisieramos agradecer las miles de personas de cualquier orígen y religión, que nos dieron su apoyo. Ellos se dieron cuenta que LiveLeak.com es un vehículo para muchas opiniones, y no sólo para apoyar a una. Quizá aún haya esperanzas para que esta situación produzca un debate que beneficiara y educase a todos nosotros sobre cómo aceptarnos mutuamente la cultura de cada uno. Nosotros nos mantuvimos firmes por nuestras convicciones, la capacidad de ser oído, pero al final el precio fué demasiado elevado. LiveLeak.com

Esa declaración de LiveLeak aparece tanto en el lugar de la versión holandesa como la versión inglesa de Fitna.

Hace poco más de un mes polemicé con Cuervo en la bitácora de mi amigo Eamonn sobre la definición de “censura” en el contexto de una bitácora cuyo propietario / gestor decide, por su criterio, denegar la participación de determinadas personas por considerar indeseada su opinión u orientación. En tal caso, por lo general, me niego a tildar tal decisión de censura.

Sin embargo, y en este caso, sí que me parece apropiado rubricar de censura la lamentablemente exitosa operación de presión.

Y no sólo se trata de LiveLeak. He aquí una fotografía tomada en la ciudad de Utrecht, de una de las pintadas aparecidas esta noche con amenazas de muerte dirigidas a Geert Wilders - el texto de la pintada en la foto dice: “La muerte para Wilders”

Amenaza de muerte a Geert Wilders en Utrecht

(Foto: Marc van Rossum du Chattel)

Las pintadas ya han sido retiradas, por la rápida intervención de las autoridades municipales.

Y es que estamos ante una disyuntiva que merece una reflexión que vaya más allá de susceptibilidades y aspectos superficiales: ¿se puede tolerar en nuestra sociedad occidental, caracterizada por una gran tolerancia incluso protegida jurídicamente a formas de pensar distintas, que mediante amenazas graves, lanzadas desde una mentalidad y cultura extranjera y hostil, se acalle a opiniones adversas a tal mentalidad adversa y hostil, simplemente por considerar tal opinión ofensivas?

Mi respuesta es decididamente NO.

Por poco meritoria que me parezca la película de Geert Wilders, le aplico decididamente el axioma de Voltaire, ese pensador angular para nuestra sociedad occidental:

Desapruebo lo que dices, pero defendería hasta la muerte tu derecho de decirlo.

Me parece que, en lugar de batir la retirada de nuevo como en ocurrió vergonzosamente en el caso de las caricaturas de Mahomá, deberíamos reflexionar un poco sobre la esencia de nuestras convicciones, aplicadas a nuestra sociedad.

¿La tolerancia puede abusarse como escudo para la opresión? Mi respuesta es NO.

¿Debe cederse ante el chantaje de unos pocos salvajes? Una vez más, mi respuesta es NO.

¿Debe permitirse que actitudes y acciones descerebradas nos rapten la razón y el juicio sosegado? NO.

¿Debe una sociedad libre, democrática y tolerante permitir que se amedrante a algunos por unos pocos criminales violentos que sí se acogen a los beneficios, pero no respetan las obligaciones que disfrutan por el gran contrato social que nos une a todos? NO.

Es por ello que, desde aquí, y en una doble señal de solidaridad con LiveLeaky el derecho de expresarse Geert Wilders, hago un llamamiento para multiplicar y reproducir la disponibilidad de Fitna, esa película que en mi opinión es una bastarda porquería, pero que considero mi bastarda porquería.

A quienes no quieren, por decisión expresa, respetar lo más esencial de las reglas de convivencia en nuestra sociedad: puerta. Una tolerancia indefensa es más que una tontería, una contradicción terminal.

Sobre todo, teniendo en cuenta que tales elementos extranjeros disfrutan de un grado de protección de sus convicciones y su fe, que con creces rebasan lo dispensado en sus países de origen a personas con una fe que no sea la suya.

Es por eso que en mi entrada de ayer, el vídeo incrustado ya no es el de LiveLeak, sino el de Google Video.

Porque me toca las narices, lo vuelvo a colocar en esta entrada.

Aunque me parezca repugnante.

Por mis cojones.

Aquí la tienen:

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