Spam: de inconveniencia a pandemia a fenómeno de terrorismo
Antes me despotriqué contra lo que considero una interpretación estrecha y ridÃcula del concepto de “spam”. Al margen de considerar tal interpretación (en este caso, de Ricardo Galli) excesivamente parcial, lo que me quemó es la frivolidad de arrojar el término spam por doquier, no sólo abaratando (si cabe) la noción de spam como fenómeno parasitario que deliberadamente infesta y tapona la libre circulación de ideas y de información, sino por desviar lo que deberÃa ser atención absolutamente prioritaria para recuperar el terreno (por no hablar del dinero) perdido, que creo sinceramente es un ataque frontal a las libertades que brinda internet.
Lejos de ahondar más en esa absurda miopÃa polÃtica, que es de lo que creo que se trata en el caso del Sr. Galli, quisiera reseñar con unos ejemplos la tremenda magnitud del auténtico problema que representa el spam de verdad.
El pasado mes de octubre, llegamos a saber que spam está alcanzando un friolero 95% del tráfico mundial de correo electrónico. En el contexto del maldito canon digital expliqué las conexiones entre piraterÃa, spam y los botnet.
Que no haya equivocación ni infravaloración al respecto: lo del spam es prácticamente un fenómeno periférico - es lo que en muchos casos da de “comer” a las bandas criminales que operan los botnet. Hasta ahÃ, casi podrÃa considerarse como las malditas furgonetas que, en la época estival y en zonas costeras de turismo masivo, se cargan la tranquilidad (y los nervios) con su publicidad hortera ilegal, explotando desde la megafonÃa instalada en los techos de las mismas: una tremenda inconveniencia ilegal.
Más grave es que los botnet son usados cada vez más como rampa de lanzamiento de ataques contra determinados sitios, por ejemplo por motivos ideológicos (¿se fija en la escala descendiente por la que se resbala, Sr. Galli?) y como quedó patente en el caso de los tremendos ataques DDoS contra servidores en Estonia, a finales del mes de abril del año pasado. Cada vez más frecuentes son los ataques de botnet que, desde hace varios años, extorsionan a sus vÃctimas.
Lo que no se si es de conocimiento general es el grado de la continua escalada de los ataques: hace una semana, un analista de la agencia estadounidense CIA reveló que se perpetraron ataques de botnet contra redes eléctricas nacionales, con el mismo propósito de extorsionar. Aún sin especificar el lugar (ni siquiera el paÃs o paÃses en cuestión), se afirma que en un caso se tuvo éxito al tumbar una red - cortando la electricidad en varias ciudades.
Por supuesto que además de reforzar, escalar y endurecer enormemente la lucha contra los botnet, también hay que investigar para llegar a acorazar los sistemas informáticos que gestionan esos (y otros) servicios esenciales.
Pero a la vista de que estamos bajo ataques cada vez peores de mafias con métodos propios de organizaciones terroristas, también tenemos que empezar a mentalizarnos, a aceptar y asumir que es absolutamente falaz la noción de contraponer la libertad con la seguridad. Ése es un invento de ultra liberales, que con sus ascos a intervención gubernamental prefieren el caos y la descomposición sobre soluciones eficaces - que además protegen la misma libertad de expresión. Me consta que hasta el propio servidor que proporciona estas mismas páginas se ve, ocasionalmente, dificultado por el volumen de tráfico malicioso.
Es un mero ejemplo de la forma en la que se dificulta la libre circulación de ideas; ya se imaginarán el panorama si encima, como parece haber sido el caso de Estonia en la primavera pasada, hay motivos “polÃticos” para cometer tales atentados.
Con ello, se cerrarÃa por completo el cÃrculo que conecta los de al-Q’aida con las bandas criminales de hackers.
No es en absoluto materia para tomarlo a la ligera: es una cuestión de seguridad nacional - e internacional. Ahà no caben interesados envenenamientos de términos.
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