El colmo del Olmo
Pero ¿se puede ser tan patán que no se haya visto la tormenta venir, de lejos y muy oscura?

Sobre gustos, nada que decir. Pero que un juez de la Audiencia Nacional adopte una medida tan tremenda como el secuestro de todos los ejemplares del semanario satÃrico El Jueves, eso ya es de cachondeo. Pero ¿a quién se le ocurre tamaña medida en los tiempos que corremos y con tantas otras cosas de mayor calaña que se difuminan sin que se plantee ni una querella a posteriori de la publicación? Y por si quedara duda alguna sobre el desorbitado salto cuántico hacia el pasado del magistrado de la Audiencia Nacional, que le pregunten de qué sirve, en estas fechas de reproducción digital, una cosa tal como un molde. ¡Ordenó que se incauten los moldes de El Jueves! De verdad, es como si de pronto hubiésemos vuelto a los años 70. Es decir, si no fuera por el afán del mismo juez de cerrar hasta el sitio web de El Jueves. Pero ¡qué se habrá creÃdo!
FaltarÃa más que el revuelo causado es mayúsculo.
Qué duda cabe que aquà hay perdedores múltiples — desde la misma Corona, que acaba con una imagen maltratada, pasando por la autoridad de la propia Audiencia Nacional al ordenarse ni más ni menos que el secuestro de la tirada completa de un medio de comunicación con una función social muy claramente definida: hacer constar que aquà nadie es Dios; y hasta pierde la impresión de una democracia moderna en España, en la que cabe perfectamente una querella planteada por la Corona, y no un secuestro por adelantado — pero el “ganador” aquÃ, sin dudas, es el mismo El Jueves.
Desde luego, lo que comenzó como una portada que personalmente considero de muy mal gusto (por no decir, con una “ironÃa” mal enfocada ya que la criticada medida viene del Gobierno, y no de la Corona) ahora resulta que se convirtió en un espantoso espectáculo de ridÃculo absolutamente tercermundista en el que convirtió, de un plumazo, un juez de la Audiencia Nacional.
Lo siento, pero de respeto a tales desmanes y despropósitos institucionales, nada de nada. Espero que se descargue sobre él una tormenta de tal magnitud, que más que nada les sirva de escarmiento duro y humillante a toda persona que continúe albergando formas de pensar que si no se murieron con el dictador, aquel dÃa de noviembre del 75, por lo menos deberÃan estar sepultados, en el igualmente vergonzoso recordatorio público de pasados sonrojantes, que es el Valle de los CaÃdos.
Ya está bien con los tics de franquista trasnochado en nuestro paÃs.
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