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Caza de burqas en Holanda: un peligroso juego electoralista

November 19th, 2006 Posted in Elecciones, Migración, Política, Sociedad

En los Países Bajos, los consejos regulares de ministros se suelen celebrar todos los viernes. En la habitual rueda de prensa posterior a la reunión correspondiente al pasado viernes, día 17 de noviembre, se dio a conocer una iniciativa tan curiosa como controvertida: el Gobierno holandés había adoptado esa tarde la decisión de presentar a la mayor brevedad una propuesta de ley ante el parlamento para prohibir “todo vestimento que cubra el rostro en lugares públicos y semipúblicos”. Por si hubiera alguna duda acerca de la seriedad del propósito: la correspondiente nota de prensa está aquí. O sea, que el gobierno del Primer Ministro, Jan Peter Balkenende, ha declarado la guerra a lo que parece ser una plaga de mujeres que inundan las calles vestidas con burqas.

Aquí cabe tener presente tres factores: una, de por sí ya bastante tensada relación de los holandeses con su población minoritaria musulmana, o sea un factor “demográfico”; dos, el objeto específico de prohibir burqas (que no otros tipos de velo musulmanes, como son el hiyab, o el niqab) y tres, la condición dimisionaria del gobierno y las elecciones generales, que se celebrarán el próximo miércoles, día 22 de noviembre.

El factor demográfico

El artículo correspondiente de El País se fundamenta en fuentes ajenas, de las que menciona específicamente el portal noticiero de la BBC y la agencia AFP. Basándose en la última fuente, El País afirma que “apenas el 5% de la población del país es musulmana”. Un dato que parece correcto y corroborado por otros, como por la CIA en su famoso World Fact Book, según el cual un 5,5% de la población holandesa es musulmana. Pero resulta un tanto extraño que se use el término apenas, como si de una fracción cuasi insignificante se tratara. A mi no me parece tan insignificante el hecho que uno de cada veinte habitantes en Holanda hoy en día profese una fe que, hace tan solo una generación, era prácticamente inexistente en el país. Es una religión que vino acompañada por los inmigrantes. Otro dato a tener en cuenta: los holandeses autóctonos representan el 83% de la población, lo que viene a decir a la inversa, que un 17% de la población tiene sus raíces en el extranjero: en buena medida influyeron el pasado colonial del país, como es el caso de las antiguas Indias Holandesas en 1948, creando la actual Indonesia (que por coincidencia es con distancia el país con la mayor población musulmana de todo el mundo) y el de Surinam, que se independizó en 1975; otra fuente de inmigrantes son las islas de las Antillas Holandesas que aún conservan un nexo constitucional con los Países Bajos.

Es decir, por significativo que sea un 5% de la población, los musulmanes sólo representan un tercio de la población de origen extranjero en Holanda. Ahí es donde cabría emplear términos como “apenas”; es un matiz bastante importante para ofrecer un marco adecuado para esa noticia, sobre todo teniendo en cuenta al fondo de xenofobia que lamentablemente acompaña al asunto. Por otra parte, cabe recordar que aquel 5% llegó en cuestión de una generación; es un segmento que creció muy rápidamente.

Un crecimiento así de la población inmigrante en un plazo tan corto no puede más que conllevar problemas, cuando se va ahormando en células cuasi herméticamente separadas según diferencias sociales, económicas y culturales. Por mucho que se apele a términos eufónicos como multiculturalismo, y por mucho que tal separación se pueda simbolizar con las tradicionales y típicas cortinas de visillo, es un caldo de cultivo de fuertes tensiones.

Y efectivamente, los atroces atentados del 11-S en EE.UU. han servido de catalizador a cámara lenta de esas tensiones. Y digo a cámara lenta, ya que en un principio todo el mundo se esperaba lo peor, presagiando reacciones viscerales ante los atentados y sus secuelas. Esas previsiones resultaron desacertadas; en el momento del inicio de la invasión y ocupación de Iraq, a finales de marzo del 2003, hubo una cierta aunque bastante incómoda sintonía ante las secuelas internacionales del 11-S, no en menor medida gracias a un esfuerzo colectivo enorme por calmar las aguas, conmovidas tanto por el ascenso meteórico del populista y netamente xenófobo Pim Fortuyn como por el asesinato del mismo a manos de un extremista de ultra izquierda, aquel fatídico día 6 de mayo del 2002.

Hubo algo así como un suspiro de alivio nacional, cuando el asesino de Fortuyn resultó ser el holandés Volkert van der Graaf, y no algún musulmán ofendido por los exabruptos de Fortuyn. Otro factor que contribuyó a la sensación de bofetada en Holanda de aquel asesinato (que a mi modo de verlo es más bien un caso clarísimo de terrorismo) fue su carácter de acontecimiento extraordinario, ya que el anterior caso de asesinato por motivos “políticos” de una figura de la política nacional fue más de 400 años atrás, del Príncipe de Orange. El caso es que, más que probablemente por ser quien fue el asesino de Fortuyn, no se llegó a males mayores, aunque continuó aumentando la tensión en los Países Bajos por la creciente población inmigrante, y más que nada, la población musulmana.

Unos dos años más tarde, el dos de noviembre del 2004, ya no hubo vuelta atrás: aquel fue el día en el que un terrorista integrista asesinó al autor y cineasta Teo van Gogh. Tan polémico como Fortuyn, o más si cabe, Van Gogh se había cebado muy especialmente en lo que él entendía es un fenómeno de extremismo que no “cabe” en Holanda. Con la desaparición de la figura iconoclasta de Van Gogh, un tocapelotas por excelencia que a mí personalmente me cayó bien, se fue también el último vestigio de la perenne actitud colectiva, apaciguadora y evasiva de fuertes confrontaciones sociales, tan característica de los Países Bajos hasta apenas entrar en este nuevo tercer milenio.

De pronto, y a partir de aquel momento, comenzaron a surgir públicamente ideas y propuestas que tan solo diez años atrás habrían sido rechazadas sin duda de plano como inaceptables, aunque fuera sólo por faltarles un toque suavizante de barniz retórico. Es un tremendo contraste con el trato casi universalmente despectivo que se dispensó unos veinte años atrás al mal llamado “Partido del Centro” - el Centrumpartij era, en realidad, de ultra derecha - cuando en 1982 logró un escaño en la cámara baja del Parlamento holandés, apelando a sentimientos xenófobos bajo la bandera de “valores nacionales”. El contraste de la marginalización de aquel partido de entonces, con la visibilidad actual de los herederos y aprovechados políticos de Fortuyn y Van Gogh hoy, es un indicador más de cuánto cambió en el paisaje socio político de los Países Bajos - todo en cuestión de una sola generación…

Del hiyab a la burqa

Recuerdo bien cómo, cuando iba al colegio en Holanda a finales de los años setenta, la repentina aparición de inmigrantes musulmanes dio lugar a una controversia sobre el velo islámico, concretamente en las escuelas públicas. Para simplificar: el llevar una gorra puesta durante las clases ha sido y está universalmente prohibido. Sin embargo, cuando comenzaron a asistir las primeras niñas y chicas musulmanas a las clases, se planteó brevemente el dilema: ¿qué hacer? Lógicamente, el velo islámico acabó admitido en las clases.

Por cierto, cabe reseñar que con velo islámico en este caso me refiero al hiyab (ilustración tomada del artículo en Wikipedia correspondiente):

Hijab

La propuesta del gobierno holandés actual no quiere prohibir los hiyab, sino a las burqas (ilustración tomada del artículo en Wikipedia correspondiente):

Burqa

Podría uno decir que, en sentido paralelo aunque inversamente proporcional a la longitud de las faldas de mujeres no musulmanas, aumenta la controversia en el caso del velo islámico según aumenta su longitud… Más en serio: desde la introducción hace dos décadas del hiyab en Holanda, comenzó la paulatina aunque bastante ocasional aparición de los niqab, un velo que oculta la cara y suele llevarse junto con el hyab, como esta foto tomada de una mujer yemení (una vez más, tomada de un artículo de Wikipedia):

muslim_woman_in_yemen.jpg

Desde luego, el debate sobre el niqab en público no es nada único. En el Reino Unido, existe un debate bastante similar desde hace más de un mes. El debate subió bastante de tono por afirmaciones contra el niqab escritas por Jack Straw, el actual líder laborista de la Cámara Baja, quien afirmó que el llevar públicamente un niqab es “una afirmación pública de separación y de diferencia”. No se pronunció en contra del hiyab, pero sí del niqab.

Es posible que la iniciativa holandesa - que tiene una diferencia abismal con las palabras de Straw, ya que en Holanda se trata de una iniciativa gubernamental de ley, y no una mera expresión de opinión - siga una línea de pensamiento paralelo: que el tapar el rostro conlleve una sensación de intimidación y hasta inseguridad, al considerarse en Occidente que una persona ha de ir de rostro descubierto para inspirar confianza. Puede ser.

Elementos electoralistas

Pero a mi gusto, la propuesta está teñida de un fuerte tufo a gesto vacío y electoralista de un gobierno dimisionario, que busca elevar a casos súmamente aislados a una cuestión de legislación. En mi opinión, no difiere demasiado de la absurda intromisión por el Congreso en EE.UU. en el caso de Terry Schiavo, cuando se adoptó una resolución con carácter de ley, única y exclusivamente al caso Schiavo, y que igualmente surgió, más que nada, de un intento de entusiasmar a los fieles incondicionales de la derecha religiosa del país. Así es como veo esa iniciativa holandesa.

En toda Holanda, no creo que haya más de dos o tres docenas de musulmanas que realmente desean salir a la calle sólo cuando lleven una burqa. Las musulmanas que salgan a la calle con un niqab son igualmente bien escasas.

No se trata, pues, de algo que afecte la realidad en grandes términos. Es un mero gesto político, que permite perfilarse como “duro” en una cuestión que, sin embargo, requiere bastante más reflexión y acción meditada, si realmente se desea conseguir que se integren los decenas de miles de musulmanes integristas que se calcula que residen en Holanda, y que son una auténtica fuente de preocupación para los servicios del órden público.

El caso es que continúa faltando claridad en ese debate. Si no se desea hacer frente a la situación de segregación que va en aumento con políticas de integración, y partiendo de que se desee de veras “resolver” la cuestión, hay una alternativa: la deportación en bloque de decenas de miles de personas. Está “solución”, que yo sepa, aún no ha sido anunciada por el gobierno de Balkenende.

Faltaría más, por supuesto: al margen de ser a estas alturas impracticable, iría en contra de todo lo invertido durante medio siglo en las lecciones aprendidas de la II Guerra Mundial. Pero ya que estoy hablando de ello: durante los cinco años que duró la ocupación nazi de los Países Bajos, desapareció (vamos: se mató) a un 75% de la población judía - más del doble de la tan cacareada y falsamente ridiculizada situación “colaboracionista” en Francia, con su gobierno de Vichy y todo eso.

Es por ello francamente preocupante que, sin más propósito que lanzar tracas y fuegos artificiales a las puertas de elecciones generales, un gobierno en funciones se dedique a lanzar ideas necias al aire.

Quizá sirva algún propósito más noble, si logra aunar fuerzas en los partidos de izquierda; de lo contrario, lo que hace es justamente lo contrario de lo que debe hacer un gobierno, que es ni más ni menos que fomentar la estabilidad social.

Esa propuesta ni lo pretende conseguir, ni mucho menos lo fomenta. Es un gesto calamitosamente farsante, y socialmente peligroso, precisamente por construir un camino a la nada.

Posdata añadido a las 22:19 de hoy mismo: acabo de encontrar un enlace a una noticia sobre un estudiante que se negó a quitarse su gorra de los Los Angeles Dodgers, durante una reunión de concejales del ayuntamiento de Saginaw City en el estado de Michigan, y que por ello recibió descargas paralizantes de una pistola eléctrica antes de ser arrastrado al exterior de la sala. Como dice Charles Littleton: “De haber sido yo un hombre judío, ¿me pedirías que me quite el kipá?” El Sr. Littleton desde luego no se corta, al equiparar vestimentos que expresen una determinada cultura (aunque en su caso se trate más bien de una subcultura urbana) con indumentos de índole religiosa. Me parece que el Sr. Littleton tiene de hecho mucha razón, allá donde ve un doble rasero. Grabé el informativo del canal de TV; aunque sea de una calidad pésima, por lo menos se oye lo suficientemente bien como para entender el asunto:

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Otro posdata, agregado posteriormente: El País - que por cierto estrena una edición digital rediseñada y encima va de “punto com” - acaba de publicar un reportaje interesante que refleja la atmósfera bastante enrarecida en Holanda.

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1 Comment

  1. jonn on 19.03.2008 at 00:54 (Reply)

    el asesinato de pim fortuyn en ningún caso se debio a un loco solitario y si a un complot al más alto nivel, imaginaros a un politico que va a sacar a Holanda de la union europea, ese engendro que va a acabar con la soberanía de las naciones y tal vez con la popular, imaginaros un lider que se atreve a echar a los inmigrantes, para muchos pim era un patriota, con un 20% de los votos en dos meses, su carrera politica era meteorica y un grandisimo problema para las oligarquias.

    si mataron a kennedy ¿pim fortuyn, que ni siquiera tenía escolta, iba a ser un problema? obviamente no.

    pero como consiguen locos solitarios? en el caso de pim me inclino por la amenaza rotunda, o lo eliminas o asesinamos a tu mujer, a tu hija , a tus padres, hermanos, y a ti,………….ya lo hicieron con JFK, que no quiso ceder. En el caso de aldo moro, mediante la compra de las brigattas roses, ……

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