by nv1962 | Noviembre 8th, 2006
CNN ofrece un resumen magnífico de los resultados electorales de ayer. Los demócratas aumentaron el número de “sus” gobernadores en seis, llegando a gobernar en veintiocho de los cincuenta estados; en la Cámara de Representantes, en este momento tienen ya confirmados una amplia mayoría con sus doscientos veintiocho escaños confirmados (de un total de todos los 435 escaños de la Cámara disputados ayer; hace falta pues un mínimo de 218 para una mayoría) y a falta de confirmación de once escaños aún muy reñidos, y hasta en el Senado tienen muy, muy cerca una mayoría ajustadísima: los demócratas cuentan ya con cincuenta senadores (del total de 100 senadores, de los cuales 33 fueron elegidos ayer), quedándose por resolver tan solo el disputado escaño por el estado de Virginia (de efectuarse la solicitud formal de un recuento por el candidato republicano, George Allen, la confirmación se producirá como tarde a finales de este mes de noviembre).
Por cierto: técnicamente, los demócratas tienen 48 escaños. Los otros dos son, en primer lugar, el senador reelegido Joe Lieberman por Connecticut, quien se presentó como candidato “independiente” tras perder las primarias ante Ned Lamont (como castigo de los votantes demócratas por lo que se entiende fue un historial de votos excesivamente “favorable” a las políticas de Bush) quien a su vez sería el mismo a quien Lieberman derrotó, sobre todo con ayuda de los votantes republicanos; pero entretanto, Lieberman ya anunció que votaría siguiendo las líneas demócratas. El otro es el autodenominado socialista Bernie Sanders, elegido senador afiliado como “independiente” por Vermont, y quien también anunció que seguirá las líneas demócratas.
Pero más interesante, de cara a lo que veo como regreso al futuro de Bush a su gestión como gobernador en Austin, me parece la lectura del resultado de las elecciones de ayer en California.
El estado de California padece de enormes problemas presupuestarios, muy agravados hace cinco años por la crisis eléctrica en la que acabó pagando el estado un plus extraordinario por adquirir un colchón adicional de producción de electricidad, y por ende una crisis de gestión política que le costó el puesto al entonces gobernador demócrata, Gray Davis, en unas elecciones “especiales” en las que se impuso el actual gobernador, el republicano Arnold Schwarzenegger.
La clave del éxito de Schwarzenegger está en una gestión que le situó en la percepción pública mayoritaria de su estado bastante a la izquierda de la agenda de republicanos en el plano nacional. Eso no significa que sea realmente tan “liberal”; por ejemplo, Schwarzenegger se impuso interviniendo con un veto en una iniciativa de ley para legalizar el matrimonio de homosexuales, y pese a su promesa de sanear la precariedad de los presupuestos sin elevar la presión fiscal, ha sancionado en varias ocasiones aumentos de impuestos, eso sí: compensando estos aumentos con varios recortes tributarios que sobre todo benefician a los más adinerados.
El caso es que a Schwarzenegger se le reconoce como “republicano moderado”, y ese reconocimiento es lo que le brindó una victoria ciertamente holgada en las elecciones de ayer, sacando unos diecisiete puntos de ventaja sobre su contrincante, el demócrata Phil Angelides.
Siendo California un estado con fama de “progre”, una imagen bastante avalada por la presencia de los dos senadores demócratas Barbara Boxer y Dianne Feinstein, quien ayer fue cómodamente reelegida, la reelección de Schwarzenegger para un segundo término como gobernador es bastante significativo, dando más relieve aún a la importancia de su imagen de “republicano moderado”.
Me parece que al definir su postura para los próximos dos años George W. Bush prestó esta vez mucho más atención al estado de California de lo que hizo en los últimos seis años. Teniendo en cuenta que Ronald Reagan se lanzó al podio nacional después de ocupar el mismo puesto que ahora tiene Schwarzenegger, quizá conviene hacer lo mismo; para los republicanos, resulta bastante probable que elegirán como modelo a seguir de cara a las elecciones presidenciales en el 2008 el ejemplo dado por Schwarzenegger en California, que el caso de Bush en su etapa en Texas.
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