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Primeras observaciones

March 22nd, 2006 Posted in España, Terrorismo

Tras ver y leer el comunicado de ETA varias veces, me parece que hay dos elementos que sostentan la sensación de esperanza a la que aludía antes.

En primer lugar, está la afirmación explícita que el objeto de este anuncio es:

construir un nuevo marco en el que sean reconocidos los derechos que como Pueblo nos corresponden y asegurando de cara al futuro la posibilidad de desarrollo de todas las opciones políticas.

Me consta que ese marco se presenta sin referencia, por ejemplo, a la creación de un estado nuevo. Aunque parece más que probable que tal idea sea sostenida como un claro desideratum, es ya de por sí bastante esperanzador que el mero hecho de ofrecer un horizonte de aceptar lo que mande la voluntad democrática sirva de propósito del anuncio de voluntad de renuncia a la violencia. En ese sentido estricto, de la implícita asunción de la soberanía de la expresión domocrática, este anuncio se merece la calificación a partes iguales de revolucionaria e innovadora. A todas luces, es un anuncio que, tomándoselo a pie de la letra, evoca auténticas esperanzas de un horizonte sin violencia “política”.

En segundo lugar, el comunicado finaliza con un doble compromiso, que me parece igualmente iluminador de cara a las intenciones expuestas: por una parte, se expresa el compromiso de seguir dando pasos en el futuro acordes a esa voluntad. Por otra, se afirma que (la) superación del conflicto, aquí y ahora, es posible. En la primera, se deja entrever que “pasos en el futuro” son posibles; entrando en paralelos en el marco internacional, es obvia la tendencia a comparación con el precedente clarísimo y por el momento afortunadamente exitoso para tanto norirlandeses como los demás ciudadanos británicos, del proceso de desarme del IRA. Por dificil y sensible que sea la cuestión de construir un puente de esperanza basada en una mutua confianza de intenciones verificable, no es para menos que se anuncie una predisposición a tales “pasos en el futuro” aquí y ahora. Una tesis que mantengo, sobre todo, a la luz de la segunda afirmación que la “superación del conflicto, aquí y ahora, es posible.”

Con todas las emociones, los sentimientos, los recuerdos y dolores a flor de piel, no debemos traicionar un fundamento primordial que nos sirve a todos: que la libertad democrática ampara a todos dispuestos a vivir en sus brazos.

Ojalá no nos equivoquemos dando excesiva razón a quienes reclaman una “paz sin precios”, en lugar de procurar el auténtico premio gordo común: la consecución de una auténtica paz, en plena libertad, en la cual la generosidad se demuestre precisamente por la capacidad de hacer concesiones sensatas y asumibles tanto para las mayorías como las minorías. Ése es el concepto que, para mi, representa la mismísima esencia de la democracia.

Como demócrata de izquierdas, ni me duelen prendas ni me tiembla la mano al comprometerme con la invitación al gran diálogo constructivo y construyente, extendida por el presidente del Gobierno, José Luís Rodríguez Zapatero.

Es hora de hacer valer un patriotismo cívico y auténtico, que no de ciega lealtad trasnochada a banderas, colores y uniformes.

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