by nv1962 | Septiembre 11th, 2005
Hoy es un día cargado de significado en EE.UU. al cumplirse exactamente cuatro años de las atrocidades terroristas cometidas en Nueva York, Washington DC y Pensilvania. Pero hoy en día, Osama ben Laden sigue vivo y en paradero desconocido, pese al anuncio de querersele capturado vivo o muerto.
Hablando de prioridades traspuestas, a dos semanas del paso arrasador del huracán Katrina, conocemos de primera mano cómo se ‘gestionó’ una catástrofe natural que se convirtió en catástrofe humanitaria, dejando en la cuneta — si no en la morgue — a miles de los ciudadanos más vulnerables.
Tras la equivocación brutal de la guerra de ocupación en Irak, que no deja de encajar perfectamente en la gestión unilateralista de la política exterior del país, uno pensaría que en las urnas se resolvería el asunto de forma tajante con la elección de una alternativa al clan ensimismado, atontado y petulante de Bush. Pues no: no solo sobrevivió, sino que ganó las elecciones del 2 de noviembre pasado con cierta holgura, y desde luego con mucho mayor nitidez que en las elecciones del año 2000, dado que ahora más de tres millones de ciudadanos más le concedieron su voto que a su adversario, John Kerry.
Al parecer, según una mayoría de votantes en EE.UU., el talante de Bush se resume en los términos de liderazgo y de valores éticos. Desde luego, no se aprecia igualmente el panorama desde dentro del país que desde el exterior.
Tristemente, abundan ahora también pruebas en el ámbito doméstico de imprevisión e incapacidad de respuesta de un gobierno que tiene las prioridades equivocadas, bien sea ante amenazas proferidas por hombres desde el exterior del país, como aquellas que las propias fuerzas de la naturaleza de vez en cuando nos echa a la cara.
Por supuesto no es, ni muchísimo menos, motivo de satisfacción ver cómo los más débiles pagan los platos rotos de una política que consiste en poco más que eslóganes y faltas descaradas a la realidad. Pero da algo que pensar que ahora hasta figuras emblemáticas de los conservadores moderados se rascan tras la oreja, viendo hasta dónde lleva ineptitud gubernamental.
Lo dicho: quien dude, que se ponga a leer las vivencias de Lourdes Muñoz. Va siendo hora de que se tome en serio a algo tan fundamental como la función elemental de un gobierno de proteger a sus ciudadanos. No hay excusas para elegir a gobernadores que oculten su falta de capacidad de gestión tras una fachada de falsos patriotismos y fuerza militar; las consecuencias son, sin lugar a duda, siempre devastadoras. Hace falta una reflexión profunda sobre las funciones mínimas de un gobierno y los requisitos que candidatos han de cumplir.
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