August 21st, 2005 | |
Posted in España
A veces, la reacción enloquecidamente visceral de algunos miembros del PP ante sucesos trágicos me dan auténtico asco. Recientemente teníamos el esperpéntico teatro popular del incendio de Guadalajara*; ahora tenemos el caso de los dos helicópteros Cougar que se estrellaron en Afganistán, causando la muerte de 17 militares. Al igual que en el caso del incendio, los del PP no pierden una ocasión para revivir momentos del pasado, cuando sus correligionarios en el Gobierno adoptaron medidas a medias ante un desastre — que siempre puede ocurrir, y cuyos orígenes no pueden razonablemente ser atribuidos en todo momento al Gobierno de turno — y que por su dejadez gubernamental sí empeoró las cosas, acarreando consecuencias gravísimas para los afectados. Hala, pues aquí va otra bien merecida.
La ocasión derivada del pasado de ineptitud reactiva gubernamental fue el siniestro del avión Yakovlev-42, el 26 de mayo del 2003, en el que fallecieron 62 militares españoles — además de la tripulación ucraniana de 12 personas — durante el viaje de regreso a España de su misión en Afganistán. El funeral de los 62 militares, a los pocos días, vio tensos momentos en los que familiares de los fallecidos expresaron su dolor y rabia por la contratación de un avión en un estado de mantenimiento técnico supuestamente deficiente. No obstante, al margen de posibles problemas técnicos debido al estado de mantenimiento, las causas más directas de ese accidente fueron el mal tiempo junto con un error del piloto cuando intentó aterrizar para repostar el avión. Así quedo patente en la presentación al Parlamento del informe final sobre ese accidente, realizada por José Bono, ministro de Defensa del nuevo Gobierno, más de un año después, el 21 de octubre del 2004.
Pero es que en aquel accidente hubo un agravante, descubierto un año depués: un casi incomprensible error en la identificación de las 30 víctimas que no podían ser identificados facilmente. (De las 62 víctimas, se podía establecer la identidad de 32; los 30 restantes fueron mal identificados todos por el equipo sanitario español, según quedó patente en el informe presentado por el ministro de Defensa, José Bono, el sucesor de Federico Trillo del anterior Gobierno de Aznar.) En un principio, se acusó a los forenses turcos de esa tremenda equivocación; otro ejemplo de balones fuera. Es de recibo que esa acusación se subsanó, sin dejar lugar a dudas, por el ministro Bono. El informe también dejó claro que el empeño de ahorrar en el gasto de desplazamiento de los militares se llevó demasiado lejos, sacrificando un razonable esfuerzo por mantener cotas de seguridad mínima. El deseo de lograr ahorros es muy legítimo; de lo que no estoy del todo convencido es que existiera un clima operativo entre los rangos militares superiores que apreciase la seguridad tanto como la economía.
Me da la sensación que el talante autoritario que caracterizó el Gobierno de Aznar no toleró — ni mucho menos invitó — críticas a sus planteamientos, lo que explicaría la temeraria opción de los máximos responsables militares por los transportes mediante los Yak ucranianos. Pero esa es una suposición, a modo de opinión sobre supuestos antecedentes de los hechos. Lo cierto es que, una vez producido el desastre, el Gobierno de Aznar no reaccionó con un empeño de esclarecer los hechos con celeridad y con un máximo esfuerzo de llegar al fondo. Tanto la arrogancia mostrada por Federico Trillo al desestimar el estado de mantenimiento dudoso del avión propiedad de la compañía ucraniana, como la escasa voluntad de acreditar las tareas profesionales del equipo forense turco nada más conocer el primer caso detectado de identificación errónea, demuestran una preocupación obsesiva con la asunción de toda la responsabilidad en el mando, y la huida despavorida y total de la misma cuando se descubre una grosera equivocación. Es por ello que tampoco me sorprende que Trillo se escudó alegando la responsabilidad plena del Ejército, negando la suya en la gestión de la crisis del Yak.
Ahora, el siniestro reciente de los Cougar muestra algunos elementos comunes con el caso del Yak-42: se trata de otro accidente aéreo, causando la muerte de otros miembros del Ejército, también relacionado con su misión en Afganistán. Hasta allí, las similitudes.
A las pocas horas de conocer la noticia del siniestro, el actual ministro de Defensa anunció su deseo de volar al lugar del accidente, junto con un equipo forense para asegurar la máxima confianza en las tareas de identificación. A Federico Trillo no se le pasó por la cabeza viajar a Turquía; evidentemente, Trillo tampoco se apresuró en afianzar la identificación de los cuerpos. Según los datos conocidos en estos momentos, los Cougar — propiedad de las FF.AA. españolas — se siniestraron en condiciones adversas por volar a una cota de altitud muy baja (reduciendo así al máximo su perfil como posible blanco) combinado con un terreno accidentado y un viento fuerte: son circunstancias que reducen los margenes de maniobra y de seguridad al mínimo. Es decir, la probabilidad de un accidente en tales condiciones es muy superior a circunstancias operativas ‘normales’. A diferencia del caso del Yak-42, no hay indicios de deficiencias en el mantenimiento de los Cougar.
Otra diferencia radica en el tratamiento dado al incidente por algunos medios. En el caso del Yak, se aceptó y difundió la probable naturaleza de accidente del incidente; tal calificación se ajustó perfectamente a la ausencia de indicios claros de una causa deliberada. En el caso de los Cougar en cambio, he visto señales que muestran una actitud bastante menos acorde con el tenor de declaraciones y hechos conocidos. En un primer instante, el ministro Bono barajó la hipótesis de accidente sin descartar la posibilidad de un ataque, aunque matizando que no había indicios que hacían suponer actividad hostil en la zona. Es decir: caben ambas posibilidades. Varios días después, El País informa que unas dos horas después del accidente, ya estaban in situ agentes del CNI; ellos no hallaron datos que hacían pensar en un derribo deliberado. En cambio, El Mundo había abierto una ‘votación virtual‘ solicitando de forma bastante sesgada la opinión de los lectores acerca de la causa del accidente: “¿Cree usted que la caída del helicóptero ha sido un accidente como ha establecido el Gobierno en sus primeras conclusiones?”
En primer lugar, el Gobierno no ‘estableció’ causa alguna de una manera remotamente tajante como sugiere la pregunta. A las informaciones del propio El Mundo me remito; hasta el párrafo del texto que acompaña la pregunta de la votación muestra un contexto bien distinto: “17 militares españoles han muerto al estrellarse el helicóptero en el que viajaban mientras realizaban una misión en Afganistán. Según las primeras conclusiones de Defensa, fue un accidente, aunque en principio no descartó el ataque.” En segundo lugar, la tendenciosa formulación de la pregunta practicamente invita una respuesta negativa a ‘creerse lo que dice el Gobierno’ - más aún si uno lo entiende reflexivamente como ‘Gobierno de Zapatero.’ Los resultados de esa votación en estos momentos refuerzan mi impresión de ese talante anti-ZP de la ‘encuesta’ - a saber: de 31.873 votos contados en la fecha de hoy, un 44% por ciento opina que ‘Sí’ (se cree la tesis ‘del Gobierno’ de un accidente fortuito) mientras que un 56% dice que ‘No’ se lo cree. Me parece la encuesta más bien un ejercicio de movilización de afiliaciones pro- y antigubernamentales, más que un auténtico esfuerzo de captar y reflejar los ánimos existentes. Por supuesto, se trata de una encuesta por Internet, lo que desvirtúa categóricamente la valía del ejercicio, pero me parece indicativo la magnitud de respuestas.
De color más castaño se pone el asunto cuando vemos las declaraciones hechas hoy mismo por representantes del PP. Recordemos que José Bono fue el que hizo la presentación del informe más completo sobre el siniestro del Yakovlev casi un año y medio depués del accidente - es decir, transcurrió año y medio, con la circunstancia adicional de que su antecesor en el cargo ejercía de manera bastante menos seria su responsabilidad de informar al Parlamento. En cambio, José Bono ya anunció que el próximo miércoles informará al Congreso de Diputados — es decir, en un plazo de algo más de una semana después del accidente. Pues bien, ¿cuál es el talante de sus señorías del PP? He aquí tres fragmentos con declaraciones del vocal popular de la comisión parlamentaria de Defensa, según informa El Mundo:
El vocal del PP en la comisión de Defensa del Congreso, Manuel Atencia, afirmó que el ministro José Bono acudirá al Parlamento el próximo miércoles a “montar un numerito perfectamente representado” en el que no ofrecerá explicaciones “creíbles”.
Según señaló el diputado popular, “el problema” consiste en que Bono, al contrario que las Fuerzas Armadas, “no merece confianza”, porque, a su juicio, este miércoles se va a comportar “como lo que es, un trilero”.
Atencia precisó que Bono “montará un numerito perfectamente representado” a pesar de que “no se trata de interpretar falsamente un papel que le ha tocado ni de dar golpes de efecto”, sino de ofrecer “explicaciones creíbles” que, en su opinión, no tendrán lugar. “Bono no merece crédito”, sentenció.
Además de muy caradura que es Atencia, por hipócrita dadas las vastas discrepancias en tanto la rapidez como la seriedad de respuesta entre el popular Trillo y el socialista Bono, lo que más me irrita del saco de fraude parlamentario llamado Atencia es su abyecto entusiasmo por prejuzgar una futura comparecencia del que ni se conocen sus contenidos, ni se le puede negar una rapidez descomunal comparado con la lentitud de Trillo en el caso del Yak, ni se justifica en lo más remoto a la vista del paupérrimo antecedente puesto por el sacabalones popular Trillo, ni se merece credibilidad alguna tampoco, teniendo en cuenta la frontal negativa de Trillo de asumir su responsabilidad por sus carambolas de ineptitud gandul cuando le tocaba. No me cabe la menor duda que Atencia y sus compinches aprovecharán la comparecencia del ministro Bono para exigir su dimisión.
En el fondo, me parece muy bien que el PP opte por ser representado fielmente por gilipollas como aquel Atencia. Esos tipos barriobajeros, esos vándalos pseudodemócratas, esos inútiles representantes de la España profunda no se merecen voces moderadas entre sus filas como el de Josep Piqué; me dan tantas ganas de vomitar que casi espero que continúen marginalizando y ninguneando a sus miembros más sensatos, ya que es la mejor garantía de que permanezcan los del PP al margen de responsabilidad gubernamental por otro periodo legislativo. Los españoles nos merecemos algo más digno y más respetuoso que ese cancer antidemocrático que es el frentismo y el frenesí por cargar el ambiente de crispación visceral, altisonante y descabellado. Cada día que continúan montando sus numeritos menguan las diferencias entre ellos y los de Batasuna. Sin duda, los votantes irán tomando nota de ello.
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*Hace ahora un mes, un incendio tan virulente en su propagación como trágico por sus sus consecuencias empujó a varios populares a decir brutales estupideces, con un sospechoso talante de atacar como mejor defensa, aún estando ellos en los banquillos de la oposición, es decir: faltando a su obligación de esclarecer hechos producidos en el presente, en aras de extraer lecciones para el futuro. Se ahincaron algunos del PP en un extrañísimo empeño de comparar la ciscunstancia de las reacciones de diversos estratos de la administración pública ante el incendio en Guadalajara con la inercia perezosa — por no dedicr supina ineptitud — mostrada por el Gobierno de Aznar ante la catástrofe medioambiental del hundimiento del petrolero Prestige, ejemplificada con la reacción del entonces ministro Álvarez Cascos de remolcar al averiado Prestige “al quinto pino” en plena tempestad cuando se averió, decisión que contribuyó de manera decisiva a que el navío se partiera en dos y se hundiera, vertiendo decenas de miles de toneladas de crudo. Balones fuera: ésa es, en resumidas cuentas, la estrategia empleada por aquel gobierno del PP, continuada por miembros del mismo partido cuando ¡afortunadamente! no tienen responsabilidad gubernamental. Vaya panda de mantas…
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