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Franco’s Heirs are Still Alive

March 7th, 2008 | No Comments | Posted in España, Terrorismo

Isaías CarrascoMeet Isaias Carrasco. He’s dead.

At 42 years of age, this father of three and employee at a toll station on highway A-8 had just gotten into his car on his way to work, when someone walked up to him and shot him repeatedly through the car window, from about five feet distance. Map is here, news story here, angry post right here, before your very eyes.

See, Mr. Carrasco lived dangerously: he had a strong belief in the merits of a socially just democracy, joined a democratic political party, and served his town as a councilman. In spite of such outrageous temerity, he refused to have a bodyguard assigned.

So, he was an easy target. And now, he’s dead. Meet the logic of an asinine assassin outfit better known as ETA.

It is far past time that that bunch of political retards and sad holdovers from the Franco era with their sectarian Judean People’s Front antics realize that they’re the killer joke of any free democracy. They’re dinosaur survivors from a Very, Very Old Europe that brought you two world wars, several genocides and the notion that any spoiled imbecile is entitled to making an argument at gunpoint and that it’s the nasty capitalist bullet killing the victims really.

ETA represents the Old Europe that must slink away into the dark of night, never to be remembered again for their bloody ignominious and bloody stupid idiocies. The biggest anachronistic idiocy of them all being that this pathetic, sick ripoff of Popular Front of Judea wannabes is doing its damnedest best to keep Franco alive.

The sad bastards.

ETA NO / ETA EZ

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La última equivocación en Afganistán: zarandeo estéril del Gobierno de Bush

En cuanto a Afganistán, soy de los que abogan por que los países europeos actúen con un perfil más claro y contundente; ni sirve escudarse en los catastróficos errores de planteamiento del Gobierno de Bush — desde la decisión de empecinarse con invadir y ocupar Irak, hasta la decisión de acometer tanto en Afganistán como Irak un nivel claramente insuficiente de medios como para imponer un escenario posterior favorable en la lucha contra el terrorismo yihadista — ni se sirven en absoluto los intereses de los europeos al permitirse que fracase la misión en Afganistán.

Pero de ahí a consentir que se empleen tácticas de zarandeo para lograr un nivel de participación mayor, tampoco. A diferencia de lo que seguramente le guste transmitir el secretario de Defensa de EE.UU., Robert Gates, el Gobierno de Bush no está en condiciones de exigir ni de exhortar nada a nadie para salvar los muebles de su fracaso por mísero en Afganistán. Si, en lugar de invadir y destrozar inútilmente a Irak, se hubiese optado por aceptar la invitación abierta y tendida por todos los integrantes de la Alianza Atlántica tras los atentados del 11-S para acabar con el avispero de los talibanes en Afganistan, de cuajo y de forma colectiva con la ayuda de otros socios vitales en la región, no estaríamos ni ante una actual situación de adjudicación de fuerzas de hecho raquítica, ni de entrada ante un problema de la magnitud que se presenta, ya que se habría resuelto con éxito y holgura, y estaríamos ante una fase de ejecución y coordinación de un proyecto de reconstrucción en condiciones, con mandato de la ONU respaldado por fondos tan concretos como cuantiosos.

El que el Gobierno de Bush haya optado por dilapidar tanto el goodwill internacional como los siempre limitados recursos financieros, militares y logísticos disponibles con su tremendo despilfarro en Irak no puede ser, de forma alguna, colgada al cuello de los demás socios de la OTAN.

Por tanto, y en lugar de emplearse de posturas y expresiones que sugieran exigencias cabe esperar una actitud más humilde, y como poco un tanto más acorde con la realidad, en la que el crédito tanto en su sentido financiero como en lo político del Gobierno de Bush está prácticamente agotado, como no cabría esperar de otra manera.

Ni está el Gobierno de Bush en condiciones como para torcer brazos de países justificadamente reacios a pagar (más que con dinero, con la vida de los seres humanos que se entregan al servicio nacional en las fuerzas armadas) el precio que ni el presidente Bush mismo estaba dispuesto a asumir.

Si no está dispuesto el Gobierno de Bush a soltar su actitud injustificadamente arrogante y exigente, y de adoptar un más que tardío mea culpa al dilapidar tiempo, dinero y esfuerzos todos ellos preciosos, que no espere que una estéril exhortación hecha de retórica hueca les infunda una predisposición más cooperativa y benévola a sus socios europeos.

La cruda realidad es que, por lo menos hasta conocerse el resultado de las elecciones presidenciales del próximo mes de noviembre, el plantel implicado en la seguridad internacional estará en situación de parálisis virtual; en consecuencia, no cabe más que esperar que la situación en Afganistán no empeore demasiado.

Con lograr eso último, además de recomponer la muy maltrecha relación transatlántica, se puede dar el Gobierno de Bush un canto entre los dientes. A uno le podría llegar a parecer que hasta la fecha a nadie se le haya ocurrido mencionarle al presidente estadounidense que ya no están para hacer su labor en el exterior ni Blair, ni Aznar, ni Howard. Bastante suerte tiene el principal del cuarteto surrealista que se podrá retirar en menos de un año sin haber sido despedido de manera fulminante.

Más le valdría pues no tentar la suerte con exigencias fuera de lugar, más aún tratándose de un país sobre el que él mismo se negó tonta y tozudamente a poner su parte, como parte firme de compromiso colectivo con la seguridad internacional, y que viene de muchos años atrás - de la era de Reagan. Si eso suena demasiado complicado, consúltese con Tom Hanks.

No se juega ni con la vida de los afganos, ni de los europeos; y de exigencias para que otros le paguen los platos rotos, nada en absoluto. Ante tal actitud, desmesurada por equívoca, la respuesta no puede ser otra que una amable sonrisa, una palmadita en el hombro, y un profundo y significativo silencio administrativo.

A partir de noviembre, hablaremos de soluciones.

Agregado más tarde: al final, le doy la razón a Don Luis Solana cuando dijo:

Si un día hay que irse de Afganistán (espero que la Historia no nos obligue), toda la culpa será de unos gobernantes americanos que equivocaron de enemigo y de estrategia. Pero yo apoyo esa presencia de España cooperando a la reconstrucción de Afganistán. Quiero que siga y también que sea un éxito la presencia española en el Líbano. Y sueño con que haya una fuerza internacional de interposición entre israelíes y palestinos. Con la presencia de los soldados españoles. Pero que no me reclamen para corregir errores de la potencia que se equivocó y que nos engañó.

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Un millón de muertos, un millón de mentiras

January 31st, 2008 | No Comments | Posted in EE.UU., España, La Derecha, Seguridad, Terrorismo

No sé cómo tantos pueden pasar de puntillas de un caso tan clamoroso, cuando los datos son tan claros como espeluznantes y vergonzosos. Hace más de un año, comenté sobre los datos acerca de los así llamados “muertes en exceso” en Irak, desde la invasión y ocupación del país, y que fueron publicados en The Lancet por el equipo de investigadores del instituto Johns Hopkins Bloomberg de la universidad de Baltimore. Se trata de la tasa de mortandad por encima de la preexistente; no sólo incluye muertes por violencia, sino también aquellas que son atribuibles a las condiciones causadas por la invasión (más que nada, debido a la destrucción de infraestructuras, sobre todo las sanitarias).

Por motivos que aún disto de comprender, cuajaron al final los esfuerzos para restar crédito a ese riguroso esfuerzo académico, sobre todo al lograr el equipo de Tony Blair, el mercader en el exterior de la locura iraquí del presidente Bush, que se rodease con un aura de controversia, de “duda razonable” sobre los datos arrojados por el estudio aquel. Una mezquina manipulación en la que los medios informativos, lamentablemente, no estuvieron a la altura deseada y necesaria. Lamentablemente, ni el serio y sesudo esfuerzo del equipo de expertos de STATS pudo con esa nube de dudas mezquinas, tejida desde un principio en una tormenta de acoso y derribo anti académico.

Hace un año pues, manejé esa cifra - que encima se presentó en su estimación conservadora - de seiscientos mil muertes en exceso.

Hoy, gracias a un escalofriante post del respetable profesor bloguero experto en el Medio Oriente, Juan Cole, me he enterado de otros estudio similar, basado también en encuestas en Irak, esta vez realizada por un equipo de Opinion Research Business, ORB: más de un millón de muertes en exceso en Irak, desde el momento de la invasión en marzo del 2003.

Sin duda, no deben sacarse de contexto ni hacer comparaciones de difícil encaje con las 192 muertes por los atentados terroristas del 11-M. Pero seguro que me comprenderán mi asombro, tristeza y rabia cuando repito, con los nuevos datos en la mano:

Un millón de muertos, ¿y qué?


¿Hasta cuándo permitimos que nos dicte la agenda el cinismo absolutista de una derecha desarraigada del derecho y la moralidad, a nivel nacional e internacional?

No basta con arrebatarle a Mariano Rajoy una confesión puntual y hecha de paso, de que fue una “equivocación” la decisión del ex presidente Aznar de apoyar y de promover - con la forma en la que lo hizo, poniendo los cuerpos de tropas y funcionarios de por medio - la desastrosa “aventura” en Irak. De la misma forma en que, aquí en Estados Unidos, los (en estos momentos) dos candidatos demócratas a la presidencia están dejando claro que la invasión y toda su “gestión” posterior ha sido una colosal equivocación, se debe afrontar en España de la misma forma, ya que con la retirada de las tropas de Irak la cosa ni se acaba, ni se resuelve. Efectivamente, el PP no ha asumido las razones de su derrota del 2004, y por ello deberá repetir curso en los banquillos de la oposición. Hasta que aprenda.

Al igual que en EE.UU. hay una gigantesca tarea por delante de desmontar y deshacer por completo el desastre internacional dejado por ocho años de Bush; no podrá darse un paso adelante en la búsqueda de soluciones (en Irak y, más que nada, en Afganistán) sin obligar a que el partido responsable de avalar y aupar a Aznar finalmente asuma en público las consecuencias de su irresponsabilidad, y asuma que con sus múltiples distracciones ni logró ni logrará subsanar su catastrófico legado. Hasta la fecha, el Partido Popular no ha dado en absoluto señales de entender y, más que nada, asumir las ruinas dejadas por su gestión en el Gobierno. Y eso es hasta la fecha, cuatro años más tarde, amén de ruidosos berridos y grotescas tergiversaciones acusatorias, tan canallas como cobardes al esquivar su papel propulsor de la destrucción de valores en Iraq y en Madrid.

Ni las más gruesas mentiras pueden ocultar la vergüenza ajena causada por la campaña mediática montada sobre los atentados del 11-M en un vano intento de prolongar su injustificable presencia en el poder. Pregunten a Steven Adolf, el que fue decano de los corresponsales extranjeros acreditados en España, cómo fue esa campaña gubernamental. Pregunten a los diplomáticos que, en el seno del Consejo de Seguridad de la ONU, se presionaron para una declaración condenatoria del terrorismo etarra tras los atentados del 11-M. O sino, hagan simplemente memoria de las desvergonzadas apariencias en público, negando lo evidente y vendiendo a sabiendas no lo inverosímil, sino lo que entonces ya conocían por muy improbable. Evidentemente, los responsables de esa grotesca campaña publicitaria perdieron sus lúgubres cálculos en las elecciones del 14-M; evidentemente, deberían volver a perder en las elecciones del 9-M. Exactamente por la misma razón por la que deben perder los republicanos en los EE.UU. el próximo mes de noviembre.

Y hasta que no se planteen los responsables en cada país de esa cuestión de fondo, hasta que no se rindan cuentas por esa tremenda maquinación, no hay camino por delante. Y menos aún, hay razón para pedir el voto por un proyecto de alternativa mejor. Porque la alternativa seguiría siendo un craso error, una colosal destrucción de valores.

Porque, insisto: hay más de un millón de muertos.

Un millón de seres humanos.

Un millón de muertos.

¿Y qué?

Ni en España, ni en Estados Unidos la derecha tiene por dónde ocultar su vergüenza.

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