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Oposición al canon digital: también en Uruguay y Argentina

Gracias al maravilloso invento llamado Linkloo (una gran herramienta para buscar o simplemente otear por entradas en lengua española - pasen y den una vuelta por la creación de Adrián Navarro y Marcos García) me topé con esta entrada de Martín Balao sobre el canon en Uruguay y Argentina… Seguro que les sonará la cosa - y los argumentos. ¿A que les suena el tema? Hasta los argumentos que enumera Martín son conocidos:

  • Los soportes informáticos sobre los que se cobra el canon se emplean también para fines que no tienen nada que ver con infracciones de derechos intelectuales;
  • El concepto de pagar por adelantado por un delito cuya futura comisión difícilmente se puede demostrar (si no, véase Minority Report para que se lo explique Tom Cruise);
  • El hecho que se trata de una tasa impositiva sobre un producto que ya viene bien tasado antes de entrar en el mercado;
  • El efecto netamente encarecedor de la medida, que no hace más que profundizar y ampliar más aún la brecha digital (ya por no hablar del hecho que este efecto precisamente refuerza unos de los fundamentos de piratería);
  • El que tiene un efecto que beneficia a un grupo reducido de artistas (los que tienen un mayor volumen de ventas y, por ello, están mejor representados por sus agentes indirectos, como la SGAE en España) y por ello en el fondo empobrece la libre oferta cultural;
  • El que la medida se cierne en proteger el interés de engrosar las ventas de sobre todo las mayores empresas del mal llamado gremio cultural.

A todo esto, me ataca la siguiente duda: ¿de veras que no cabe poner coto y orden a la globalización de fuerzas destructivas que corroen la libertad de desarrollo y de ideas? De pronto, me aparenta bastante favorable la idea de imponer fortísimos impuestos a copiones de la estupidez.

Ea, Don Martín: fíjese en la barra lateral de este mismo blog, y verá que compartimos trinchera.

Agregado posteriormente: pero ¿seré berzotas? No se por qué no lo incluí, pero no puede faltar de forma alguna un enlace a la iniciativa No al canon en Argentina. Ea, ¡ahora sí está! Y éste es su logo:

No al canon en Argentina

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OpenOffice.org: la libertad de trabajar con una completa herramienta de ofimática

Antes me referí a lo que considero una incomprensible tendencia a la piratería pendenciera, que abunda en fenómenos como los botnet, debido a las porquerías que criminales interesados cuelan en versiones pirateadas colgadas en Internet. Y me acordé después de lo poco que se habla en los círculos de habla española de plataformas de software abierto. Cuando digo “se habla poco”, no me refiero a los entendidos de la blogosfera de habla española, que ya se conoce el patio del software libre al dedillo.

No: me refiero a los medios de comunicación en general.

Y creo que se debe a se tienda a pensar que eso del software libre es algo para los geeks - los enteradillos que tienen conocimientos y agallas suficientes como para atreverse con alternativas al cuasi monopolista de Microsoft. Pues nuevamente, no: en el contexto del puto canon me referí a Ubuntu, el sistema operativo basado en Linux que ha llegado a la madurez, y se ofrece también en español.

Pero claro, eso no quiere decir que todos están dispuestos a borrar su disco para instalar Linux. Por eso sugiero empezar con algo mucho más fácil, y sobre todo: barato - deshacerse de Microsoft Office (Word, Excel, PowerPoint, Access…) y utilizar en su lugar el paquete de ofimática, libre y de uso gratuito que es OpenOffice. Puede leer documentos generados por Microsoft Office, y puede crearlos (o guardarlos en esos formatos cerrados) también. Y está disponible en español.

Hay varias extensiones que permiten ampliar su funcionalidad, así como plantillas de documentos, etc.

Lo recomiendo encarecidamente: si no has probado con OpenOffice, no sabes lo que es libertad. ¿Se imaginan el ahorro de licencias que supondría un cambio de uso de las administraciones públicas? ¿El alivio de usar software totalmente legal, en el idioma nativo, con soporte de actualización y de otros usuarios?

Quien tras probarlo no pega el salto, es que no le gusta la libertad.

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Spam: de inconveniencia a pandemia a fenómeno de terrorismo

Antes me despotriqué contra lo que considero una interpretación estrecha y ridícula del concepto de “spam”. Al margen de considerar tal interpretación (en este caso, de Ricardo Galli) excesivamente parcial, lo que me quemó es la frivolidad de arrojar el término spam por doquier, no sólo abaratando (si cabe) la noción de spam como fenómeno parasitario que deliberadamente infesta y tapona la libre circulación de ideas y de información, sino por desviar lo que debería ser atención absolutamente prioritaria para recuperar el terreno (por no hablar del dinero) perdido, que creo sinceramente es un ataque frontal a las libertades que brinda internet.

Lejos de ahondar más en esa absurda miopía política, que es de lo que creo que se trata en el caso del Sr. Galli, quisiera reseñar con unos ejemplos la tremenda magnitud del auténtico problema que representa el spam de verdad.

El pasado mes de octubre, llegamos a saber que spam está alcanzando un friolero 95% del tráfico mundial de correo electrónico. En el contexto del maldito canon digital expliqué las conexiones entre piratería, spam y los botnet.

Que no haya equivocación ni infravaloración al respecto: lo del spam es prácticamente un fenómeno periférico - es lo que en muchos casos da de “comer” a las bandas criminales que operan los botnet. Hasta ahí, casi podría considerarse como las malditas furgonetas que, en la época estival y en zonas costeras de turismo masivo, se cargan la tranquilidad (y los nervios) con su publicidad hortera ilegal, explotando desde la megafonía instalada en los techos de las mismas: una tremenda inconveniencia ilegal.

Más grave es que los botnet son usados cada vez más como rampa de lanzamiento de ataques contra determinados sitios, por ejemplo por motivos ideológicos (¿se fija en la escala descendiente por la que se resbala, Sr. Galli?) y como quedó patente en el caso de los tremendos ataques DDoS contra servidores en Estonia, a finales del mes de abril del año pasado. Cada vez más frecuentes son los ataques de botnet que, desde hace varios años, extorsionan a sus víctimas.

Lo que no se si es de conocimiento general es el grado de la continua escalada de los ataques: hace una semana, un analista de la agencia estadounidense CIA reveló que se perpetraron ataques de botnet contra redes eléctricas nacionales, con el mismo propósito de extorsionar. Aún sin especificar el lugar (ni siquiera el país o países en cuestión), se afirma que en un caso se tuvo éxito al tumbar una red - cortando la electricidad en varias ciudades.

Por supuesto que además de reforzar, escalar y endurecer enormemente la lucha contra los botnet, también hay que investigar para llegar a acorazar los sistemas informáticos que gestionan esos (y otros) servicios esenciales.

Pero a la vista de que estamos bajo ataques cada vez peores de mafias con métodos propios de organizaciones terroristas, también tenemos que empezar a mentalizarnos, a aceptar y asumir que es absolutamente falaz la noción de contraponer la libertad con la seguridad. Ése es un invento de ultra liberales, que con sus ascos a intervención gubernamental prefieren el caos y la descomposición sobre soluciones eficaces - que además protegen la misma libertad de expresión. Me consta que hasta el propio servidor que proporciona estas mismas páginas se ve, ocasionalmente, dificultado por el volumen de tráfico malicioso.

Es un mero ejemplo de la forma en la que se dificulta la libre circulación de ideas; ya se imaginarán el panorama si encima, como parece haber sido el caso de Estonia en la primavera pasada, hay motivos “políticos” para cometer tales atentados.

Con ello, se cerraría por completo el círculo que conecta los de al-Q’aida con las bandas criminales de hackers.

No es en absoluto materia para tomarlo a la ligera: es una cuestión de seguridad nacional - e internacional. Ahí no caben interesados envenenamientos de términos.

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