by nv1962 | Julio 19th, 2008
Fíjense qué tontería domina la portada en la versión internacional de El País (clic en la imagen para ver un pantallazo mayor):
Hagan clic en ese pantallazo para apreciar en toda su gloria la ridícula por desproporcional atención dada a la primera visita del candidatísimo en casi tres años a Iraq - curiosamente, cuando ese viaje lo realiza después de realizar declaraciones sobre sus ideas acerca de la política de cara a Iraq. Algunos lo llamarían equivocar un más que necesario esfuerzo por recavar impresiones de primera mano con ganas de anticiparse con conclusiones ante las cámaras.
Ayer mismo se hacían eco mediante una contribución de EFE desde Washington del circo montado que acompaña al señor Obama. Aparecieron tonterías como referencias a “frenesí informativo” y, más irrisorio aún, comparaciones con beatlemanía, aunque no desafinaron en mencionar el riesgo muy real de tantas ganas de escenificar un nuevo Kennedy en Berlín:
Algunos medios han comparado ya la cobertura y la expectación del viaje de Obama -el primero al exterior desde que empezó la temporada de primarias en enero- a una gira de los legendarios The Beatles. Otros expertos, por el contrario, indican que el frenesí puede volverse contra el candidato. El senador, recuerdan, tiene poca experiencia en política exterior y si comete un error todos los medios estarán presentes para destacarlo. Además, opinan, la fanfarria puede resultar contraproducente para el estadounidense medio, que en elecciones anteriores -como ocurrió en el caso del demócrata John Kerry en 2004- ha desconfiado de los candidatos populares en el extranjero.
Supongo que por falta de espacio, pero tiene miga el tema. Obama está tan poco ducho en cuestiones de política internacional - circunstancia que no le distingue demasiado del entonces gobernador de Tejas y actual presidente, quien compitió sin inhibición ni complejos por su falta de conocimientos y experiencia en la materia - que tiene un auténtico ejército de unos 300 asesores en materia de política exterior que tienen que taparle los bajos fondos.
Y no es que me sorprenda que tenga asesores; es la desorbitada y desproporcionada dimensión del equipo de especialistas en materia de política exterior, que más que ayudarle, delatan el tremendo peligro que acarrea tener a un principiante compitiendo en unas elecciones, precisamente cuando más falta hacen seriedad, experiencia y sabiduría para bregar en unas más que enrarecidas relaciones internacionales.
Si ya de por sí resulta casi insultante que nos pongan a un mequetrefe así delante, para que nos prometa un “cambio” (servido con o sin “esperanza”) que ya prometió el actual presidente, quien hizo campaña en el 2000 en reacción a la miseria de los precedentes ocho años de paz, prosperidad y estabilidad gubernamental, el que este principito requiera 300 sujetadores para lo que se supone es uno de los ejes fundamentales de su deseada presidencia, más sorpresa (sin emplear términos de mayor contundencia) causa que según parece hay tanta audiencia en el exterior dispuesta a caerse de culo y devoción ante tamaña muestra de inexperiencia y desconocimiento.
De verdad, el que hasta un periódico habitualmente más serio como El País se haga partícipe de tal histeria de masas es preocupante.
Muy bien me parece que hay cierta añoranza por aquel presidente Kennedy, quien afirmó en esa entonces capital dividida alemana que también soy berlinense, pero ni es Obama presidente, ni tiene Obama la preparación previa (ni menos aún, experiencia) como para merecerse tamaña estupidez de trato propio de exaltados y de otra gente poco seria.
¿Qué demonios podrá decir Obama en Francia, en Alemania y en el Reino Unido? ¿Que tiene ganas de ser presidente y que ya le gustaría que todo vaya de rositas? Pues sí que estamos bien… El caso es que, siendo candidato con preparación cero, no puede decir nada, y sus anfitriones ni pueden ni deben excederse al recibir a uno de dos candidatos.
Por cierto, ese otro artículo menciona otra cara de la moneda:
En comparación, McCain ha viajado al extranjero en tres ocasiones en los últimos cuatro meses, pero ha recibido una cobertura mucho más reducida. En su visita a México y Colombia, tan sólo dos de las grandes cadenas desplazaron enviados especiales, y ninguno de ellos era presentador de informativos.
Que nadie se sorprenda que la memoria sirve para rato. En el 2004, se columpiaron algunos apostando por Kerry. Este año, no veo motivo alguno para “esperanzas” de “cambio” sólo porque lo diga un tal señor Obama y su exaltada banda de beatlemaníacos seguidores. Que sirva como ejemplo de escarmiento la circunstancia de hoy en día que, a diferencia del 2000 y 2004, sitúa al actual candidato demócrata en una posición de incómoda igualdad con McCain en… Nueva York. Gore y Kerry ganaron con enorme claridad ahí.
Una vez más: que no se confunda el hambre con ganas de picar. Y más que nada, que los medios serios se comporten como tal, y no como los mequetrefes que ventilan su alegre desconexión de la realidad como loable virtud.
Ya veremos lo que depara el mes de noviembre.
Sí: el que suscribe estas líneas está empezando a tener también su obamanía: una potente manía cogida a una candidatura desfigurada por una adulación y devoción que se reserva mejor para cosas relacionadas con lo metafísico. Como el fútbol, por ejemplo.
Posdata: no sólo son las votantes de Hillary Clinton quienes mantienen sus reservas. Somos muchos quienes desconfiamos del aire caliente que emana desde los cielos mesiánicos / obamaníacos. A los timadores se les conoce sobre todo por una falta de disposición de afianzar sus afirmaciones.
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