Gafe hasta en el pesimismo

by nv1962 | Junio 27th, 2008

La verdad es que resulta curioso como algunos se amparan al negativismo para, supongo yo, escenificar un panorama igualado por dos equipos presuntamente igual de malos.

Lejos de cometer la tropelía de negar las tremendas cualidades de la máquina de fútbol alemana - entre las que destaca su férrea determinación de seguir empujando adelante, diga lo que diga el marcador - o de sobrevalorar un fortuito tropezón contra Croacia (cosa que yo sospecho ha servido, como es casi tradicional para Der Mannschaft, como la necesaria picadura de avispa que les despierta justo a tiempo) o, cosa bastante peor, perderme en un exceso de optimismo ante un rival que no en vano lleva tantos títulos en su haber, ganados en muchas ocasiones a pulso de esa envidiable determinación, ironizaré un tanto aquí, haciendo de espejo invertido de aquel espejo negativo.

El argumento que esgrimen algunos para justificar su pesimista retrato funciona un poco como sigue: la selección alemana viene a la final del próximo domingo, además de avalada por su legendaria determinación y fuerza física, con un historial repleto de comienzos irregulares en torneos internacionales. Esa experiencia, junto su experiencia expresada por la impresionante suma de partidos jugados con el equipo nacional de sus integrantes, les convierte en un rival igualado por tradición ante la selección española, que supuestamente carece de garantes.

Menudo embrollo ¿verdad? Claro, no pude resistir la tentación de ponerle una salsa de acidez a aquel ejercicio de patológico destructivismo. Ofrecí en un falso apoyo argumentos como que la roja hasta malogró la oportunidad de perder en todos sus partidos de grupo (y por ello, no llegando al nivel de Alemania y su éxito en ese sentido ante Croacia), que el equipo español tuvo la suerte de ganar en sendos partidos ante el mismo rival ¡menudo mérito! mientras que encajó nada menos que un gol (cosa que evidencia su debilidad defensiva, claro está), y encima le tocó una Italia ante la cual no supo hacer otra cosa que imitar su conocida (además de aburrida) aproximación pasiva al fútbol. Además de incapaz de meter un solo gol en 120 minutos ¡copión!

Es más: los pésimos adversarios de la roja de los que no fue capaz siquiera de perder, ganaron a su vez miserablemente ante otros rivales de poca monta - véase por ejemplo los rusos que vapulearon a una naranja mecánica que, por la misma regla de tres, ha de considerarse una supina castaña de equipo.

Total, que ante una larga serie de derrotas fallidas ante adversarios a los sumo mediocres, la racha de suerte de la selección española seguro que tropezará ante su último rival, que se retrata como una mermada y poco presentable Alemania.

Ya.

Claro que la lógica consecuente de todo esto es concluir que, con tanta mala suerte por medio, el equipo que salga penúltimo del duelo de la final, no podrá hacer otra cosa que resignarse a llamarse el menos malo de todos, en este torneo que encima es meramente regional. Ah, por cierto: una región que además carece del esplendor propio de lo nuevo, ya saben: por ser vieja. Y ya para finalizar el análisis: ¿qué valor tiene un equipo cuando es entrenado por un abuelo al que seguramente hasta se le habrá olvidado lo que es jugar el deporte?

En fin.

Peor para esos empedernidos pesimistas, que estoy ya en las nubes con lo mostrado por el equipo español hasta la fecha, y del que estoy profundamente convencido de que se dejarán la piel, el corazón y el alma en sus esfuerzos por coronarse campeones de Europa. Pase lo que pase, se merecieron estar ahí arriba.

Eso sí, lo que me cabrea un poco más es que parece no transcender mucho la gigantesca labor que están desempeñando Iker Casillas, Carles Puyol y Marcos Senna, al frente de las tareas defensivas y de transición. Al igual que los mediocampistas y delanteros se merecen todos los piropos del mundo por su incisiva productividad, me parece tan lamentable como penoso que no se reconozca la enorme labor y valía defensiva de esta edición tan exitosa de la roja, rejuvenecida en su impulso y consolidada por su madurez al aplicar una filosofía de jugar - ese increíble juego bordado al primer toque, el tiqui taca del sabio de Luís - que por conjugar el elevado nivel técnico de futbolistas españoles con una tenaz paciencia se esfuerza para agotar al adversario explica su éxito de mil maravillas.

Qué se le va a hacer, si me gusta er furbo de la selección nacional - sobre todo porque es fruto innegable del matrimonio entre estilo y coherencia.

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