Contrastes de Reagan y Afganistán
A raÃz de un interesantÃsimo artÃculo en la bitácora de Luis Solana, me salió una brutalidad de texto - cosa que no me atrevo ¡ni borracho! a colocar en su sitio, aunque sà responde a varias observaciones hechas en él. Por eso, al final, decidà colocarlo aquÃ, como una suerte de contrapunto (aunque sin afán de parir una fuga eufónica, que si el texto adjunto no evoca el estar atónito, por lo menos acabará pareciendo atonal). El caso es que querÃa realmente pintar un retrato fundamentalmente distinto, como un telón de contrastes.
O sea: se ofrece como un conjunto de comentarios ante el artÃculo original (y el subsiguiente intercambio de opiniones). Ahà va…
En cuanto al Presidente Reagan, siento discrepar profundamente con el retrato ofrecido. Además de sus habilidades de presentación dramática, adquiridas siendo él actor de segunda fila, no creo que tenga mucho por destacar. Allá donde repitió hasta la saciedad su feliz hallazgo de “fiarse, aunque comprobando” (”trust but verify”) para marcar el injustamente olvidado y quizá por ello infravalorado papel de Mijail Gorbatsev, se apoyó el primero sobre todo en un desahucio brutal de los presupuestos generales, salvándose tan sólo por la función de centro financiero vital que desempeñó (y en gran medida continúa realizando) en un mundo bipolar y por ello mucho más reducido que hoy en dÃa, siendo un solo hemisferio. La reventada deuda resultante no se afrontó hasta dos presidentes más tarde (aunque, una vez más, ése sea otro cantar), hablando de costear polÃticas con los hombros de futuras generaciones.De su calaña como porta estandarte moral de Occidente, mejor ni hablar - las realidades de sus polÃticas en el exterior hicieron un contraste demasiado chirriante con sus insidiosas referencias a términos como “luchadores pro libertad“. De hecho, buena parte del desarrollo de armamento pesado se inicio bajo su vilipendiado antecesor en el cargo, quien por cierto sà tuvo experiencia como militar en activo, a pesar de su imagen caricaturizada de paloma de la paz.Reagan es, a mi modo de verle, un fenómeno que se explica sólo en clave de sentimientos y sentimentalismos domésticos aquà en los EE.UU.; a la vista de su desastrosa gestión económica (que ya se anticipó siendo gobernador de California), su macabra polÃtica de tierra socio económica quemada (con las absurdas ideas de “economÃa de percolación” que hoy prácticamente se repiten con George W. Bush) sus mezquinas polÃticas en el exterior (véase la transparente y nauseabunda operación de “iluminación” de su propia inauguración mediante el retraso pactado de rehenes de su propia Embajada, o sino el caso Irán-Contras), y un sinfÃn de detalles más que, para abreviar, prefiero dejar en su conclusión: un tipo que más bien por su encaje un tanto accidental en sus circunstancias, combinado con unas formas adquiridas y de segunda mano como actor de cartón piedra al corte de los años 50, tuvo la tremenda suerte de poder dormir una siesta desde 1980 hasta que (finalmente) salió de la Casa Blanca, dejando muchos más problemas adicionales que aquellos que haya “resuelto”.
Es más bien todo un milagro que al final no estalló un conflicto entre los dos bloques durante su mandato; ni un Rumsfeld o Cheney de jóvenes turcos le habrÃan salvado la papeleta - y menos aún, la vida al resto de nosotros.
A propósito de “nostros:” recuerdo perfectamente cómo, debido a su afán de colocar los Pershing II en nuestro jardÃn (qué fácil se olvida que el lema entonces era “afrontar a los soviéticos hasta el último europeo” - siendo Europa Occidental la que se jugaba ¡aniquilación total!) el propio “genial” Reagan logró unir en su contra nada menos que a un millón de holandeses en las calles de Amsterdam y La Haya, y que adoptaron como lema para su manifestación “más vale un ruso en la cocina que un misil de crucero en el jardÃn”. Más claro, agua; efectivamente, cuando los Pershing II llegaron, eran funcionalmente obsoletos.
Todas estas son soberanas verdades, que curiosamente no siempre se pasean ante nuestros recuerdos de esa malograda caricatura de una Presidencia de quien anteriormente estuvo, francamente, mucho mejor en su sitio como Bozo el Payaso. Como izquierdista le reconozco exactamente el mismo mérito que al actual ocupante de la Casa Blanca: al final, ambos finalizaron sus dos términos con vida, ambos con una capacidad intelectual de gestión comparable, azuzando guerras tan innecesarias como peligrosÃsimas, y ambos con decenas (sino cientos) de miles de almas pesando sobre aquello donde otros mortales tenemos una consciencia.
Pero hablemos de Afganistán en concreto, ya que ese necio senil tampoco era capaz de prever las terribles consecuencias de meterse con ahÃnco en la herida transcaucásica, aunque sea a todas luces correcto atribuirla como abierta durante la etapa de su antecesor.
Se ha hecho mención de ISAF haciendo operaciones de poca envergadura pero de muy alta calidad. Pues bien: ese fue simplemente el guiso alternativo que le quedaron a los planificadores, ya que se les negó desde el J5 para abajo contar con ni un ápice más de lo dispuesto para Afganistán: una absoluta miseria, comparado con el complicadÃsimo teatro (por extensión, geografÃa, demografÃa y polÃtica). Tanto Afganistán como Iraq han sido teatro de sendas guerras que, desde un principio y por decisión expresa, se desarrollaron con la absoluta mÃnima implicación de tropas y material. Huelgan referencias a las peticiones desoÃdas, huelgan referencias a las veces en las que hasta el propio Secretario de Estado Powell le recordó al Presidente el peligro y riesgo de desoÃr la doctrina con su nombre: con una fuerza y supremacÃa arrolladora, desplegada rápidamente y asegurando lo más pronto posible el botÃn estratégico en juego.
Los recuerdos de Baghdad saqueada a gusto ante la pasividad, la chocante imprevisión (salvo el Ministerio de Petróleo, claro), el desbandar las fuerzas armadas iraquÃes, las múltiples operaciones de imagen de una simpleza y transparencia sonrojante (desde la bochornosa “tumba de la estatua” escenificada con cuatro gatos, hasta la pancarta de “misión cumplida” encargada por los asistentes de la Casa Blanca, para hacer de accesorio al madelman aterrizando vestido de copiloto, etcétera) y un larguÃsimo etcétera.
Quisiera hacer una pausa ciertamente calculada aquÃ, para ofrecer este recordatorio del coste humano, entre los propios iraquÃes*. O sea, el que se “logre” un 75% menos de muertos en Baghdad comparado con principios del 2007 me parece un consuelo poco sabio: no se ha logrado, hasta la fecha, ni por asomo restablecer un nivel de “calidad de vida” parecido a la situación previa a la invasión. ¡Celebremos la miseria y los muertos liberados!
Ése es el auténtico rostro de la racanerÃa deliberada en una mega operación militar (dejemos de lado por completo consideraciones de “utilidad” y menos aún “justificación”) que se preparó, desde un principio y por orden expresa desde la SecretarÃa de Defensa, con medios a un nivel deliberadamente marginal.
Casi me da por concluir que el desastre de los teatros de Iraq y de Afganistán se consiguieron por diseño.
Ah, si: Afganistán. La guerra de Afganistán es la hermana tonta y pobre (y encima con burqa ) de la guerra en Iraq. Si en Iraq no pudieron evitar, al final, dedicar un subidón de tropas para paliar los “problemas” surgidos por imprevisión y falta de medios, en Afganistán la cosa es realmente espantosa.
El problema, sin embargo, no es Ãntegramente de EE.UU. A diferencia del escenario en Iraq, que sà es un teatro de creación 100% voluntario y por ello 100% asumible por los EE.UU., el caso de Afganistán es un problema que o bien se reconduce, o acabamos otra vez con santuarios de talibanes. Aunque Iraq sea usada con frÃo y mezquindad (como no cabe esperar de otra forma) por los “yihadistas” de la misma forma que emplean con hipocresÃa la cuestión palestino israelà como “justificante”, el problema en Afganistán es que ni se aplacó el problema de generación de capital (proto) terrorista, léase: el problema de las drogas, ni se ha llegado a suplantar los talibanes con algo que se autosustente.
Afganistán es, a todas luces, un problema occidental más que estadounidense.
El que pensemos que podamos escaquearnos a un coste menor ya es de escándalo; el que de algún modo asumamos que o bien los EE.UU. se adueñan de la solución, o el problema al parecer se resuelve sola, es de una miopÃa mortal. Tan mortal como lo fueron unos inocentes aviones de pasajeros. Ni con otro Presidente más competente se resuelve (sea su designación polÃtica la que sea, no creo que los hay más torpes que el actual ladrillo); habrá una labor interior de reconstrucción económica por delante en los EE.UU., y ahà no caben soluciones expansivas en el exterior - más bien lo contrario.
Lo que hace falta, pues, es preparar el terreno, para estar precavidos, después del próximo mes de noviembre cuando se presente la excusa de las elecciones en EE.UU.: habrá que ir preparando una Gran Coalición en el marco de la ONU, con sus parámetros, objetivos y distribución de lastres correspondientes. La dejadez - es decir: no hacer nada hasta que se presente la imperiosa realidad - serÃa, entonces sÃ, una absurda rendición ante los terroristas que encima retornarán ante nuestros narices a sus campos previos del 11-S.
Las seguridades y los seguros que se piden (¡con razón! ya que los cheques en blanco de los Azores se caducaron hace tiempo) para y con la ONU son súmamente legÃtimas. Pero en lugar de considerarlos una condición previa sine qua non, deberÃan ser tomados como una inevitable necesidad que hay que afrontar, para ir trabajando desde ya mismo en su consecución.
Y una vez logrados, ya no cabe más que meterse a fondo - aunque la culpa principal sea del necio en la Casa Blanca, hemos perdido una oportunidad para resolver el “problema” en Afganistán de cuajo al no haber forzado en su momento una intervención masiva en ese paÃs (recordemos, sino, cómo anteriores repúblicas soviéticas hasta permitieron el estacionamiento ¡de tropas estadounidenses en su terreno!). El mirar al otro lado una vez más no es ni asumible, ni posible.
Mucho me temo que tendremos que ser los europeos los que “arreglemos” la estupidez de Bush. Hasta me parece que se puede leer como una oportunidad para exigir y sino imponer, de una vez por todas y desde ahora en adelante, un papel más respetado y respetable como una Europa renacida, dejando a los EE.UU. en una posición de paridad - donde más que nada, mucho menos daño podrá hacer.
Iraq es sobre todo el problema de los contribuyentes estadounidenses, pero Afganistán es un problema más que nada europeo.
*Agregado el dÃa después: ahora resulta que el Washington Post ha decidido dar implÃcitamente por buena la metodologÃa que tanto criticó del estudio publicado en su momento en The Lancet (PDF) sobre las “muertes violentas” y “muertes excesivas” desde el momento de la invasión, y fijando en la horrorosa cifra de unas 150.000 muertes por causa violenta en ese mismo periodo: de marzo del 2003 hasta junio del 2006. Gracias también a FAIR por reseñar la obvia hipocresÃa.
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