Seiscientos mil muertos en Iraq ¿y qué?

by nv1962 | Noviembre 15th, 2006

A estas alturas, el caso de Iraq está clarísimo: se inició una guerra tan insensata como innecesaria y por ende injustificada que, debido al enorme poderío militar estadounidense, retiró rápidamente al dictador Saddam Husein, pero falló inmediatamente después, estrepitosamente además, por la horrible ceguera y falta de previsión de sus responsables. La actual situación desastrosa es un caos terriblemente violento, alimentado por facciones ultra violentas que, entre todas ellas, mantienen al país inmerso en una cruenta situación de guerra civil. La culpa final, sin embargo, la tiene todo Occidente.

Parece mentira que no se refriegue con mayor ahínco internacional a los tres protagonistas de la maldita foto de las Azores su espantosa equivocación: ni armas de destrucción masiva, ni capacidad para producirlas a corto plazo, ni conexión significativa con el hiperterrorismo internacional de las redes de Al Qaida, ni - y esto es, si cabe, peor aún - ni mucho menos una mejora de la situación del propio pueblo iraquí. Este último argumento, de carácter moral, es lo que quedó como último reducto justificativo tras la invasión y el rápido descubrimiento de la tremenda equivocación de los otros argumentos: el de los pobres oprimidos iraquíes, sometidos a oleadas de terror dictatorial. Según ese argumento, la situación de Iraq bajo Husein equivalía a nada menos que un brutal genocidio…

Es triste que no caló con mayor claridad el cinismo del ya ex Secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, cuando afirmó tajantemente que no le interesan los cálculos del coste humano de la guerra, cuando se le preguntó directamente: “Es que nosotros no hacemos recuentos de los cuerpos muertos de otras naciones.” Con ello, puso deliberadamente entredicho cualquier esfuerzo o intento de trazar la magnitud del coste humano de la guerra. Me acuerdo bien cómo, desde un principio, el sitio Iraq Body Count (IBC) fue cuestionado y ridiculizado por los forofos de Bush y su guerra en Iraq, pintando como exageradas las cifras de muertes estimadas en base a informaciones publicadas por los medios de comunicación. A fecha de hoy, ese sitio mantiene una cifra entre 47.083 y 52.222 muertes atribuibles a la intervención militar y sus violentas secuelas. A principios del mes de octubre de este mismo año, indicaron una cifra entre 43.491 y 48.283 muertes por causa violenta desde la invasión.

Es curioso que ese sitio se muestre tan agresivo y tajantemente negativo ante el informe que recoge los resultados de una investigación publicado en la revista especializada The Lancet (el enlace abre el documento en formato PDF) y que maneja una cifra muchísimo mayor: 601.027 muertes por causa violenta (técnicamente, esa cifra es la media de una horquilla de valores probables con un mínimo de 426.369 y un máximo de 793.663). A diferencia de IBC, que se fundamenta en informaciones publicadas en medios informativos, el estudio de The Lancet se basa en entrevistas realizadas en Iraq, distribuidas sobre 50 zonas representativas.

No resulta difícil adivinar el motivo político detrás de los seguidores del gobierno de Bush por desestimar como “fantástico” el dato de The Lancet. En el caso de las duras críticas de IBC, tampoco es difícil intuir un elemento de recelo profesional, pese a la abismal diferencia en metodología que separa los dos grupos. Pero la realidad es que en estos momentos no existen instrumentos mejores que el trabajo realizado por The Lancet que permitan cuestionar sus cifras extrapoladas. Es más: diría que, por una variedad de factores, resulta tan arriesgado como sospechoso el tomar como “dato objetivo” lo que se publique en medios ante una realidad compleja, dinámica, violenta, caótica y más que nada: observada por muy pocos periodistas.

Afortunadamente, hay un estudio exhaustivo de esta controversia, análisis publicado en un artículo de STATS, organización sin fin de lucro especializada precisamente en el análisis de datos de asuntos de actualidad, que desgrana minuciosamente los argumentos esgrimidos por IBC y otros críticos con el estudio de The Lancet. Según este análisis, la cifra barajada por la revista médica es, con distancia, la más fiable. Ofrezco a continuación la traducción de los dos últimos párrafos del excelente artículo:

El estudio de The Lancet desempeña un trabajo excelente al contar los muertos, pero su propósito no es señalar causantes. Aunque el informe indica que un 31% de muertes excesivas [nota del traductor: con muerte excesiva se refiere a muertes por encima de la mortalidad "normal" y anterior a la invasión] fueron causadas por fuerzas armadas de la coalición, es posible que aquellos que informaron sobre los crímenes estuvieron sesgados por sentimientos anti coalición. Puede que esas familias sean más propensas a pensar y decir que una muerte violenta es atribuible a fuerzas armadas de la coalición. Por supuesto, el sesgo podría igualmente ir en sentido contrario - simplemente, no lo sabemos. Tampoco podemos establecer quiénes murieron - civiles, o personas implicadas con el conflicto armado. Una vez más, sería fácil ver cómo su sesgo afectaría información facilitada por miembros de su familia. Los métodos usados en este informe son los únicos métodos científicos de los que disponemos para descubrir cotas de mortandad en países desgarrados por una guerra y sin infraestructura propia para informar sobre todas las muertes por medios centralizados. En lugar de desestimar a más de medio millón de personas muertas como mera estratagema política, tal y como dijo Anthony Cordesman del Center for Strategic & International Studies en Washington, deberíamos aceptar la ciencia cuando nos abra los ojos ante una tragedia cuya escala de muertes ha sido enormemente subestimada hasta hoy.

No me sorprende que los medios de mayor difusión aquí en los Estados Unidos no hayan acogido con mayor interés y por lo menos un grado similar de respeto científico como el de STATS. Al fin y al cabo, la trayectoria de los medios informativos fue, en el camino a la guerra en Iraq, de mínima información de contraste de opiniones y menos aún línea editorial independiente ante la visión de la Casa Blanca. Tal trayectoria vergonzosa se vería mucho más comprometida por el peso de seiscientos mil muertes, además de la ya conocida y reconocida ausencia de armas de destrucción masiva en Iraq. La legitimidad de esa guerra se niega por completo, al fallar el argumento “ético” a favor de la guerra: el de salvar a los iraquíes del régimen sanguinario de Husein.

Hasta la BBC, quizá por ser un ente subvencionado y por tanto más próximo a un punto de vista en sintonía con el gobierno de Blair, se hizo eco de la “dificultad” de establecer “con certeza” una cifra de las muertes causadas por la invasión y posterior ocupación, como aparente excusa para así dejar en un mezquino entrecomillado al estudio de The Lancet, pintándolo como “controvertido” y sin entrar en argumentos de fondo, como sí lo hizo STATS pocos días antes. Es tan vergonzoso como desconcertante leer este artículo de la BBC, y su falta de escrúpulos propios del periodismo serio al que nos tiene acostumbrado la BBC. Desconcertante y penoso, porque recuerda la tremenda escala de manipulación de informativos en España por team Aznar. Pongo solo dos recordatorios de esa época negra del periodismo español: uno y dos.

Es triste que muchos medios independientes en el resto del mundo presten tan poca atención al horripilante dato que la decisión de Bush, Blair y Aznar de invadir y ocupar un país abundó en más de medio millón de muertes.

Casi tan triste y vergonzante como el silencio de cómplice que en Europa hasta hoy en día arropa a Blair y su apoyo faldero a Bush. Más que los británicos, que hasta además de justificarlo hasta reeligieron un parlamento dominado por socialistas sin exigir la retirada de Blair, los medios europeos son culpables de encubrir seiscientos mil muertes.

Las posturitas críticas con Bush demuestran, todo lo contrario de una supuesta superioridad moral, una cobardía que se confirma con otra misma dosis de cobardía ante el genocidio que se desarrolla en Darfur, más que impunemente, ante un desinterés tan generalizado como horripilante.

Hay veces, en las que Europa me da asco.

Posdata: esas más de seiscientos mil “muertes excesivas” representan una tasa de mortandad superior al existente bajo el brutal dictador Husein: según cálculos del informe de The Lancet, la tasa de mortandad previa a la invasión era del 5,5 por mil habitantes / año (dato que está bastante en sintonía con otros, como por ejemplo publicado en el World Fact Book de la propia CIA, en su edición del año 2003 y que se puede consultar aquí) mientras que después casi se triplicó, hasta un escalofriante 13,3 por mil habitantes / año.

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