Sagrada desfachatez

by nv1962 | Mayo 22nd, 2005

Desde luego, en la viña del Señor…

Boing Boing muestra cómo hay personas que ¡de verdad! se pavonean de su idiotez, con un auténtico desprecio a los demás que no compartimos su peculiar burrada. No basta con tener una idea fija que no se ajuste en lo más mínimo al bagaje académico que los homo sapiens sapiens acumulamos desde que salimos de nuestras cuevas, o descendiéramos de los árboles, según gustos. Tampoco cabe escudarse en una asunción de soberanía, en la que cómodamente enmarcar culturas en distintas vías de desarrollo como asumiblemente coexistentes. Ni vale reseñar la excusa que la estupidez individual dista de representar la comunidad en la que reside.

Tratándose de un caso que se desarrolla en un país super-prepotente que se agiganta en el exterior sobre la asunción de su propia arrogancia como justificación universal, no podría ser de otra manera. Aquí, el que tiene la razón so yo, y si no que se aguante la realidad a falta de superioridad militar que me convenzca de su razón.

Cuando el gobierno de Bush decidió irse de guerra contra Irak, se esgrimió como artículo de fe una supuesta amenaza de ese país, de tal gravedad e inminencia que no había más remedio que invadirlo y ocuparlo, sopena de vivir con hongos nucleares sobre la conciencia de los objetores a la última aventura imperialista. Tal arrogante proyección de patente falsedad, muy por encima de entenderse con la comunis opinio, se dió un paseo por encima de la comunidad internacional, dando al traste con la ilusión de civilización concertada en el seno de las Naciones Unidas. Ni derecho internacional ni leches: ¡aquí mandamos nosotros!

Concluida la operación de conquista, y cuando brillaron por su ausencia las pruebas de armas de destrucción masiva que supuestamente justificaron la guerra, se cambió sin pestañear su justificación a una de propagar valores democráticos. A falta de ética que justifique las acciones en el mundo real, pues que se invente una que lo desmiente, oiga; aquí no pasa nada. Por si acaso, las elecciones del pasado mes de noviembre en EE.UU. demostraron, si cabe, con mayor claridad hasta qué punto manda la desfachatez por la gracia de la santa credulidad de los plebeyos*. En fin, que si el resto del mundo prefiere no intervenir con las armas para poner orden en los EE.UU., será porque tienen razón, y sino pues que se aguanten.

De la misma calaña es la ceguera académica integrista de la que padecen muchos, muchísimos en este enigmático país. Bien conocido es el debate de besugos que se desarrolla en el estado de Kansas, sobre los contenidos académicos de la educación pública primaria y secundaria. Que si se explican los orígenes de nuestro mundo en clave evolucionista o creacionista; que si se presenta “la explicación opuesta” como teoría o confabulación; cosas así de absurdas para cualquier otro país desarrollado son objeto de debate.

Lo que pasa es que tal patente negación de la realidad bajo el pretexto de un peculiarmente estrecho integrismo no basta con ser presentada como realidad. Necesita sus “muestras” que escenifiquen su Disneylandia intelectual, como clavo ardiente en el que colgar sus visión cargada de creencias.

De ahí que se entiende como lógico y hasta inevitable que existan desgraciados como Ken Ham, que lleva nada menos que ¡once años! en gestiones por abrir un museo, en el que exhibir su integrista perversión de las ciencias académicas. Vamos, que el mundo se creó en seis días, hace ahora unos ocho mil años, y que Adán convivió con los dinosaurios, que por cierto también viajaron con Noé y su arca. Más que un divertido parque temático, el museo pretende educar a las gentes en el arte de la abnegación intelectual. Así se justifica el presupuesto de 25 millones de dólares para la construcción del museo. Más que amar la creación del Señor, por medio de un sistema decente de Seguro Social y de Sanidad Pública, y de un sistema de enseñanza donde priman la ética y el respeto a los métodos académicos, se gastan burradas en pajas mentales que ni sirven para sacar adelante al país, ni dejan de poner en evidencia la sagrada desfachatez de un país que, al fin y al cabo, pretende aleccionar al mundo entero sobre valores en sociedades modernas.

Tristemente, el señor Ken Ham es todo menos el único que “piensa” así.

Así resulta fácil entender cómo el país está hecho un Cristo.

_____

* Nota añadida a posteriori: el 22 de noviembre del año pasado, la cadena CBS publicó resultados de una encuesta realizada antes de las elecciones del día 2 de aquel mes, según la cual un 65% de los estadounidenses desean que se enseñen conjuntamente (entiéndase como “equivalentes”) las teorías creacionistas y evolucionistas. Además, un 37% se opone a que se enseñe la teoría evolucionista.

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